Capítulo 53.

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LEVENDE BEIST



La cabaña de Ivar seguía custodiada por unos cuantos lobos, Aulladores, supuse, pero estos nos dejaron pasar sin problema. El interior está tal cuál como la última vez que estuve aquí, la única diferencia es que se encuentra un poco más desordenado, unos cuantos trastes sucios por allí y varios libros esparcidos y abiertos en todos los rincones.

Ivar se encuentra en su sillón frente a la chimenea encendida. La sala está apenas iluminadas por la tenue llama de algunas velas. Me doy cuenta que está con el cabello suelto; es la primera vez que lo veo así.

—Gracias por venir, niños —dice, sin voltear a mirarnos, inmerso en el fuego frente a él.

—Ivar, ¿qué está pasando? —pregunta Jera—. ¿Por qué los Primeros creen que estás trabajando con Perthro?

El Primero resopla y voltea hacia nosotros. El fuego ilumina el costado derecho de su rostro, revelando la pequeña pupila en medio del iris azul como el hielo, el canoso cabello le cae por los costados del rostro, salpicado con mechones negro por toda la cabeza. Esboza una leve sonrisa y los colmillos destellan en la oscuridad. Tengo que contenerme para no dar un paso hacia atrás por la impresión.

—¿Qué...? ¿Qué te está ocurriendo? —farfullo.

—Por esto es que creen que estoy con Perthro.

—¿Cómo es que sucedió esto? —espeta Jera.

Ivar suspira y se recuesta en el respaldo del sillón. Luce cansado y viejo, muy viejo: su barba y bigote que usualmente lleva a ras y peinados, están más largos y descuidados. Está pálido y ojeroso.

—El Hereje —masculla. Ese tipo... el que ha hecho que Astrid se ponga nerviosa, Seren también lo ha mencionado en su diario—. Tiene que ser él. Es el único Practicante que puede realizar hechizos así de complejos a distancia.

—¿Por qué no llamaste a Astrid? —interviene Jera—. Tal vez ella pueda ayudar.

El hombre niega con la cabeza.

—As, aunque es muy talentosa y tiene un don inigualable, no es lo suficientemente poderosa para contraatacar al Hereje. Aún no. Sería muy peligroso para ella. Además... —alarga—. No es un hechizo cualquiera. Levende beist.

Bestia viviente —musita Jera, tenso ante las palabras de jera.

—¿Qué significa eso? ¿Quién es este Hereje?

—El maleficio de la bestia viviente es la misma maldición que echaron sobre Fenrir cuando era un hombre y que lo convirtió en un animal para toda la eternidad —Me explica Ivar—. En mi caso, sería aún más sencillo porque ya somos parte lobo al ser Cambiaformas. Y el Hereje, bueno, Astrid es quién debe responder esa pregunta.

—Es cambio es contra tu voluntad y no puedes regresar a tu forma humana —continúa Jera—. Te convertirás en una de sus bestias, ¿no?

—Sólo si logro transformarme por completo. Lo cual no ocurrirá porque no pienso dejar que esta maldición siga su curso.

—Entonces, ¿se puede hacer algo? ¿Hay una forma de detenerla? —farfullo.

El silencio reina ante mi pregunta.

—La única solución rápida que hay en la vida, mi niña... —señala Ivar—. La muerte.

—¿Qué?

I. The Calling ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora