Capítulo 62.

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OCULTO A LA VISTA DE TODOS



El cuarto en el que nos quedamos es de tamaño medio, lo bastante grande como para contener una cama grande, dos mesas de noche a ambos lados, un armario pequeño y un mueble con cajones. Hay una puerta que debe ser el baño y un pequeño tocador con un espejo contra una de las paredes. El piso es completamente alfombrado de color vino y las paredes y el techo son de madera oscura, también tenemos una gran ventana ocupado casi la mitad de una de las murallas con una vista espectacular. Al estar en el tercer piso, se puede ver sobre los árboles hacia la costa y hacia la gran montaña de Ulfroy. Los atardeceres se deben de ver preciosos y ni hablar de las famosas auroras boreales que se pueden apreciar por estos lares.

—¿Ves la montaña? —dice Jera, poniéndose a mi lado en la ventana—. La gente de por aquí la llama "Las fauces del lobo". Si la miras bien, te darás cuenta de que parece la cabeza de un lobo con el hocico abierto.

Observo con atención la forma de las rocas. Sí, se ve. La aglomeración de piedras puntiagudas y grandes rocas se moldean en la figura de la cabeza un lobo con las orejas erguida y mostrando las fauces. Es bastante evidente lo que esas montañas ocultan, si conoces bien la historia.

—La gente de Reinke no lo sabe, ¿cierto?

Jera sacude la cabeza.

—No. Sólo creen en los viejos mitos y los venden a los turistas —responde—. Dicen que este es el lugar en el que los dioses engañaron a Fenrir para ponerle la cadena y mantenerlo encerrado —explica—. Vas a ver mucha mercancía de lobo por aquí.

—Los de Ulfroy, ¿es por eso que no se mezclan con la gente del pueblo?

—No siempre fue así —señala—. Reinke y Ulfroy solían ser un solo pueblo unido. Los Cambiaformas eran venerados aquí, como si fueran una especie de guardianes y guías enviados por los dioses. Hasta que alguien intentó acceder a Fenrir.

—Y desde ahí los empezaron a ver como monstruos... —alargo—. Ivar me contó algo.

—Desde entonces, se decidió que era mejor mantener la existencia de los Cambiaformas en secreto y no permitirle la entrada a cualquiera. —Jera se apoya en el marco de la ventana—. Ahora los locatarios creen que Ulfroy es un complejo privado, que varias familias millonarias viven allí y se creen mejores que el resto como para vivir en un pequeño y modesto pueblo como lo es Reinke.

No puedo evitar reírme.

—¿Familias millonarias? —balbuceo—. ¿Es que Leif se pase en autos caros cuando sale de Ulfroy?

Jera se ríe y se encoge de hombros.

—La gente no sabe ni como se ve Ulfroy por dentro, así que inventan un millón de cosas. Además, ¿no crees que de sólo ver a Leif puedes pensar eso?

Es cierto, el alfa noruego puede pasar fácilmente como el hijo heredero de una gran familia de alta alcurnia con su porte y elegancia al andar.

—Es verdad —comento.

Me quedo mirando por la ventana un poco más. La blanca nieve reluce por el reflejo de los rayos del sol sobre ella, pero aún así esté despejado, las temperaturas son muy frías.

Jera me aparta cabello de la cara y lo pone detrás de mi oreja.

—¿Habrías querido que tu familia te acompañe? —musita.

I. The Calling ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora