Capítulo 04.

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LOS NIÑOS SON TÍMIDOS



Conduzco hacia la escuela de Mason con prisas. Me ha llamado él, pero quién habló conmigo no fue él, fue su profesora de educación física. Mase no se ha sentido bien en el último período y quería saber si podía ir por él antes. Cuando aparco fuera de la escuela, mi hermano está en la puerta con la que intuyo que es la profesora. Me bajo del auto y troto hacia la entrada.

—¿Qué pasó? —balbuceo. Me inclino levemente hacia Mase que es apenas unos centímetros más bajo que yo y le tomo la cara—. ¿Te duele algo? ¿Quieres que vayamos...?

—Estoy bien —refunfuña, interrumpiéndome.

Me corre las manos de su rostro y pasa por al lado mío para irse al auto. Miro a la profesora y ésta suspira.

—Está bien. —Me asegura—. Más que algo físico, creo que ha tenido una crisis de pánico. Pero no me quise arriesgar y es mejor que se vaya a casa. —Me observa algo preocupada—. Tengo entendido que se encuentran solos. —La profesora me tiende un papel doblado—. Es mi número, si necesitan algo, no dudes en llamarme. Tu hermano... —alarga—. Es un niño inteligente. Pero creo que su mente va demasiado rápido a veces, demasiado rápido para él y eso debe de agobiarle.

Muevo la cabeza, confirmándole lo que dice. Es cierto. No es la primera vez que le sucede, pero los episodios habían disminuido hace un tiempo. Imagino que la mudanza ha debido de estresarlo más de la cuenta y la escuela a su edad no es fácil.

Le doy las gracias a la profesora y me subo al auto. Mase está en el asiento del copiloto y sólo tengo que verle el rostro para saber que no quiere que le pregunte al respecto. Así que respeto su silenciosa petición y enciendo el motor.

—Meghan volverá para la cena —digo una vez que entramos a la casa. Mason no me dice nada de vuelta, se dirige sin detenerse a las escaleras—. ¿Qué quieres para cenar? —insisto.

Se detiene a la mitad de las escaleras y suspira. Sabe que no lo haré hablar del tema, pero que tampoco lo dejaré solo con sus pensamientos.

—¿Puedes hacer puré de papas? —musita.

Hago una mueca. Papas... sabía que algo se me ha olvidado en el súper.

—No tenemos papas —respondo. Mason ama las papas en todas las formas en las que se pueda preparar—. Pero supongo...que puedo ir a la tienda a comprar un poco —alargo. Quiero animarlo y la única forma que se me ocurre es por medio de la comida—. ¿Puedes quedarte uno rato solo?

—No soy un niño. Claro que puedo —musita molesto y sube a su cuarto.

Algo así como un grito ahogado sale de mi garganta. No es mi intención tratar a Mase como un niño pequeño, pero no puedo evitarlo cuando me preocupa. Tomo las llaves del auto antes de cagarla más y me pongo en marcha hacia el supermercado. Ya que estoy en eso, no está de más comprar un par de cosas para subsistir a estos días... sobretodo, dulces y chocolates. ¿Por qué? Porque somos dos mujeres en edades fértiles en casa y si Meghan es de temer con su carácter habitual, una Meghan en su período es de pesadillas.

Agarro lo que necesito y voy hacia la caja. Pago todo y salgo de la tienda algo más cargada de lo que he previsto, intento abrir la puerta con mi hombro y con cuidado de no tirar nada de las bolsas que ya se rebalsan en cosas. Afortunadamente, alguien parece verme sufrir y decide ayudarme abriendo la puerta para que pueda salir.

I. The Calling ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora