Capítulo 46.

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TRES PILARES



—Originalmente —comienza Astrid—, el hechizo se sustenta en tres pilares. Ya que un hechizo tan complejo como ese necesita mantener el balance de la naturaleza o pasaría a ser algo más oscuro y prohibido. Lo llamamos Fiölkyngi. Es cuando el Seid se aleja de aquel equilibrio que protegemos y los hechizos se convierten en maldiciones. Es muy peligroso y suele tener un costo mucho más grande —explica—. Así que, para no recurrir a ello, la Vala basó el hechizo en tres pilares. —Alza uno de sus dedos—. Primero, necesita de un evento cosmológico mayor, lo cuál resultó ser un eclipse lunar que ocurre cada 18 años junto al solsticio del invierno. —Astrid levanta otro dedo—. Segundo, requiere de dos almas que mantengan una conexión con Fenrir, no importa si es sanguínea o no; es por eso que tuvo que recurrir a sus hijos, incluso si no tuvieran parentesco con él o entre sí, mantenían un lazo emocional fuerte entre ellos y estaban dispuestos a sacrificarse por Fenrir. Necesita de dos porque al utilizar la energía del Sol y la Luna, debe haber una en representación de cada una. —Finalmente, alza el tercer dedo—. Y tercero, el sacrificio debía de ser de sangre tanto humana como maldita. Fenrir fue maldecido a permanecer como una bestia, por lo tanto, su sangre, su alma estaba maldita y aquella maldición interviene con cualquier tipo de Seid, así que tuvo que hacer que la sangre de sus hijos fuera similar a la de él para que el hechizo no fuese alterado por la maldición.

—Los convirtió en Cambiaformas —musito.

—Compartían la sangre maldita con su padre, pero no los convirtió en lobo. Cuando los Practicantes les lanzaron la misma maldición que Fenrir, la Vala se les adelantó y para que no corrieran con la misma suerte que su padre, quedaron sellados junto con él. Para entonces ya habían tenido descendencia.

—Kaysa y Asger.

—Sí. Kaysa y Asger fueron los primeros en activar la sangre de Cambiaformas, pudiendo cambiar a voluntad propia. —Astrid suspira—. Se suponía que Aren y Arie serían el primer sacrificio. Que fuesen ellos las almas que debían de reencarnar y mantener el hechizo... —Sus ojos bañados en arrepentimiento y tristeza se posan sobre los míos—. Pero al quedar sellados junto con Fenrir, el hechizo terminó en sus hijos y es así como se convirtieron en el sacrificio, junto con toda sus descendencia y reencarnaciones. Desde entonces se ha hecho así, las Valas y Practicantes que sabemos que lo que hicieron esos Practicantes causó un gran desequilibrio y caos sobre todos nosotros tratamos de encontrar la manera de que Fenrir siga sellado sin tener que recurrir a los sacrificios, pero...

—No lo lograron —adivino.

—Es un hechizo demasiado antiguo y muy, muy poderoso. —Astrid se mira las manos—. Requirió de mucho Seid, tanto que le costó la vida a esa vieja Vala y aún así necesitó de tres pilares fundamentales para lograrlo. Lo único que lograron, aquellos Practicantes que estaban de parte de Perthro, fue alterar el curso de reencarnación de Kaysa.

—Desde Seren... —musito. Astrid vuelve a mirarme—. Tengo su diario. Ivar me lo dio la noche que hablé con él. Lo he estado leyendo desde que me enteré sobre... el sacrificio.

—¿El diario menciona el sacrificio?

—Sí. Detalla bien lo que Seren pensaba sobre eso, cómo la hacía sentir y la lucha interna que tenía por los pensamientos y sentimientos de Kaysa —respondo.

—Ivar quería que te enteraras... —alarga ella.

—Al menos alguien en ese lugar pensó que merecía saber la verdad —espeto.

I. The Calling ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora