La tercera señora a la que le pagamos para que sacara la inmundicia del cuarto de Wyatt baja con cara de trauma y sus cosas de limpieza.
La pobre mujer venía despeinada, sucia y se notaba el cansancio después de estar toda la mañana y parte de la tarde metida ahí.
Las primeras dos limpiaron toda la casa, pero no se acercaron a la cueva del castaño.
Meredith Jackson se ha ganado mi respeto y mi dinero de la forma más valiente jamás vista.
— Señora Jackson... — levanta su mano para callarme y me tiende una caja cerrada la cual agarro desconfiada.
— Señorita Chase, mi empresa me prohibe decir nada o quejarme, pero debo aclarar, que la persona de esa habitación necesita ayuda profesional — su acento británico todo marcado viene teñido de indignación perteneciente de la realeza.
La señora Jackson toma el dinero y se va sin despedirse y de verdad que la entiendo. La pobre mujer talves renuncie hoy.
Loren y yo nos quedamos viendo la puerta como tontas hasta que algo se mueve dentro de la caja que sostengo.
La dejo en el suelo y la abro cubriéndome con un cojín del sofá la cara, por si acaso.
— ¡Un gatito! — chilla Loren acercándose y tomando al escuálido y triste animal en sus brazos — ¿cómo se llamará? — me pregunta con un brillo inocente en sus ojos verdes que me recuerda a los gemelos de Jade.
Probablemente sea lo que vi moverse el lunes, al menos no es una rata, aunque parece una.
— Estoy 90% segura de que ni siquiera Wyatt sabe que existe — le respondo levantando la caja vacía para guardarla.
— ¿Puedo quedármelo? — estripa al animal entre sus brazos y yo ruedo los ojos desde el armario de chucherías de la sala.
— ¿Por qué? los gatos son horribles cuando crecen — arrugo mi nariz expresando mi desacuerdo y ella baja triste la mirada y acaricia los huesos del felino.
Además era espantoso, color negro y ojos café saltones.
A Wyatt no le iba a gustar, él era muy supersticioso con esas co...
— Puedes quedártelo si me lo prestas para joder a Wyatt — ella chilla feliz de la vida y corre a su habitación para prepararle una cama a Félix, como le llamó aún sin saber su sexo.
Ya con la casa impecable se respiraba un aroma diferente, como a cero suciedad y eso.
Me adentro en la ducha y pongo en mi teléfono a Miley en una de sus canciones más emotivas solo para sentirme inspirada.
Canto y hago mímica de concierto mientras lleno mi cabello de shampoo y mi cuerpo de gel de baño para niña, amo el aroma que expide aunque diga que es para uso de 6 a 10 años.
— ¡Liv, voy a comprar comida y cosas para Félix! — grita el conejito desde el otro lado de la puerta.
— Llévalo al veterinario y asegúrate de que sea Juanito y no Juanita — le aconsejo igual de fuerte y ella se ríe y se va.
¿Por dónde quedé?
Ah sí... ¡Its the Cliiiiiiimb!
.
Salgo de la ducha y me meto dentro de un buso negro, una blusa gris de patos azules que, estoy segura, no es mía y unas medias bastante gruesas con las pantuflas de las garras de charmander porque está haciendo un frío terrible.
No me caliento, así que tomo la chaqueta de Drake de mi silla giratoria y me la pongo aspirando todo su aroma.
Debo decirlo amigos, ese hombre usa la colonia más deliciosa y seductora que existe. Es como dulce pero no, como que la hueles y te da la necesidad de seguir metiendo tu nariz para que sea lo único en tus fosas nasales.
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¡A la mierda las etiquetas!
RomanceOlivia Chase es una chica alocada y divertida, muy distraída en cuestiones sociales, pero una genio en la universidad. Drake Lewis es apartado, poco amigable, serio y de rasgos duros. Pero por alguna razón, cuando un profesor los une para que ella l...