Capítulo 57: Problemas en el paraíso (3)

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— Esto es más divertido de lo que pensaba — la sonrisa en el rostro de la castaña me deja un calorcito en el pecho de esos que deben sentir las madres orgullosas.

— No hay nada más divertido que disparar con bolitas de pintura — digo de acuerdo con ella.

— ¡Son unas desgraciadas! — Wyatt nos mira mal desde su posición como blanco amarrado a un poste del campo de Paintball — cuando dijiste que echáramos a juego los castigos debiste decirme esta parte, raggedy del diablo — el conejito y yo nos volvemos a reír.

Ayer, cuando volví de mi triste intento Shakespeariano de arreglar las cosas con el moreno y después de que Wyatt me avisara lo de Loren, me la pasé toda la noche con aguacate y pepino en la cara escuchándola decir todo lo bueno que era Luke y el como no le cabía en la cabeza que no le hubiera mandado ni siquiera un mensaje para decirle que no llegaría.

Wyatt se comió el aguacate de su cara con las papas que usamos de sustituto de palomitas y se durmió un par de horas antes que nosotras. Para cuando despertamos era pasado medio día y como no trabajaba me ofrecí a distraer a la castaña con una serie de juegos que terminaron en castigos para el perdedor, en este caso, Wyatt.

— Maldición — chilla de nuevo cuando una de mis balas de pintura le da en el pecho — te odio, quiero que sepas que te odio — Loren se ríe a mi lado y dispara, pero no le da.

— Tienes protección por todas partes, apuesto que esto no te duele tanto — el trabajador había puesto esa condición para poder amarrarlo, me acerco a él quitándole la protección de la cara y muerdo su mejilla — lo vez, estás bien, llorón — me dispongo a desatarlo mientras Loren le dispara a otras cosas distraídamente.

— ¿y tú te sientes mejor? — la pregunta me toma por sorpresa haciendo torpes mis dedos por un momento antes de quitarle la cuerda de las manos.

— Estoy perfectamente — me encojo de hombros y me acuclillo para desatar sus pies — sabes que no soy una chica enamoradiza, y si él quiere jugar al moralista se puede ir por un tubo — me levanto y paso mi vista a sus ojos. Se veía aterrado — ¿qué? — doy un paso atrás desconfiada y él niega con la cabeza lentamente.

— ¿Acabas de decir enamoradiza?, ¿acaso es... amor? — ambos nos quedamos mirándonos fijamente hasta que soltamos la risa al mismo tiempo.

— Sí, claro — ironizo — ¿qué sigue después? — niego ayudándole a quitarse la armadura exagerada — ¿apocalipsis zombi?... ¿qué te encuentres una novia? — volvemos a reír como tontos.

— ¡Chicos, me escribió! — Loren corre a nosotros con una mano sosteniendo el teléfono y otra en la cabeza afianzando el casco militar que le puse porque se me hizo de lo más tierno.

— Lorie, te lo juro, si me dices que saldrás con él después del drama de las últimas 18 horas te mataré mientras duermes, te asfixiaré con una almohada — la castaña lo mira un poco asustada antes de llegar y se detiene a mi lado con menos emoción — es broma Loren, no podría hacer algo como eso — le sonríe y ella estrecha los ojos — tal vez sólo te medio ahogaría — tomo el arma de mi espalda y sin aviso le disparo en la pantorrilla.

Creía que ya no tenía bolitas, pero parece que esa estaba puesta por el mismísimo universo.

— Prosigue — le pido tranquila mientras el castaño se deja caer al piso maldiciéndome.

— Me invitó a una fiesta en casa de uno de sus amigos — se muerde el labio nerviosa dándome el teléfono — yo... no sé si quiero ir — veo los mensajes super básicos del chico y los emotivos de Loren presionando un poco mis dientes.

Se notaba que él hablaba como si fuera sólo un ligue y ella... bueno, ustedes entienden.

— Vamos a ir — Wyatt nos mira con una pose de diva desde el suelo moviendo su dedos en alto de un lado a otro — te pondrás un precioso vestido, te maquillarás como una diosa y le mostraremos a ese Luke Skywalker todo lo que se pierde — ambas sonreímos como tontas por su actuación de reina — y por supuesto, luego te llevaré a lo oscurito para que sepa que no eres una chica que se queda de brazos cruzados — ella enrojece pero vuelve a reír negando con la cabeza.

¡A la mierda las etiquetas!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora