Capítulo 53: Primera vez

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Sábado.

Dulce descanso de los estudiantes.

Después de enterrar a la víctima, Drake se despidió de todos con un "hasta luego" y se fue dejando atrás a su primo. No hablamos luego de eso, lo vi un par de veces en la universidad pero parecía tan perdido en sus pensamientos que ni siquiera notó la mayoría de las veces que nos encontrábamos. Tampoco es como que yo hubiera ido corriendo a abrazarlo como una colegiala necesitada de amor, aún me queda algo de dignidad.

Dejo de peinarme y cierro la puerta de mi habitación para bajar de a dos los escalones hasta la sala donde Loren sigue hecha un puñito en el sofá viendo televisión. La muerte de la gata le ha dado más tristeza que la de su tía abuela Patrice y Wyatt y yo estábamos en serio preocupados por su salud mental.

— Raggedy espera, dale una ojeada — me detengo antes de salir de la casa y el castaño me tiende su IPad con el documento de su proyecto de semestre abierto.

— Ya lo leí tres veces, es muy bueno, relájate — estaba escribiendo un libro corto sobre un manicomio, el cual no era tan malo, pero con la muerte de Demitria se había inspirado y cambiado la mitad del manuscrito, cosa que realmente hizo que la lectura se pusieran en serio interesante. 

— Sólo quiero que me digas que te parece lo que está en rojo, lo agregué anoche — lleva su pulgar a su boca mordisqueando impaciente el nudillo. A veces me lo imaginaba diez años más viejo enterrado bajo un montón de libros como un ermitaño con los dedos en el teclado de una computadora y el aspecto de "L" en Death Note pero con estilo y mucho éxito.

— Bien, pero luego me vas a dejar a la casa de Blair — toma mi cabeza entre sus manos y me deja un sonoro beso en la frente antes de marcharse a su habitación. Me dejo caer al lado del conejito con mi bolso en el suelo, saco las gafas y le robo un poco de palomitas mientras leo la entretenida historia.

.

Una hora y media después terminé de releer todo porque algunas cosas no me cuadraban pero al final todo cobraba sentido y te dejaba con miles de cuestionamientos de la vida.

Tenía que aceptarlo, la mente retorcida de Wyatt era perfecta para un escritor.

Alguien toca la puerta y cruzo miradas con el conejito. Ella no tenía cara de querer levantarse y yo ya me iba, así que hago a un lado mi pereza y me pongo de pie para abrir dejando el IPad y mis gafas en el sofá.

— Hola — me congelo en mi lugar y mi cuerpo comienza con los típicos síntomas del nerviosismo.

— ¿Qué estás haciendo? — ladeo mi cabeza tratando de volver en mi y una sonrisa se dibuja en mis labios cuando asoma su rostro sobre el pequeño ramo de rosas azules. 

Mis favoritas.

— No sé, la verdad, estoy siendo algo que nunca he sido.

— ¿Extrañamente atento y escalofriante?

— Impulsivo — muerdo mi labio escondiendo la sonrisa que se volvió torpe al verlo desviar la mirada y tenderme el regalo.

— Gracias — digo educadamente tomándolo y escucho un suspiro desde el sofá donde Loren nos mira sin discreción olvidando la película que seguía reproduciéndose en la pantalla.

Él mete sus manos en los bolsillos de su pantalón aún sin mirarme y yo juego con los pétalos de una de las rosas como un par de niños de guardería.

— ¿Terminaste de leer? — Wyatt baja la escalera todo enérgico y se detiene al ver el ramo en mis manos — yo pensé que eras diferente — niega con desaprobación acercándose para encarar al moreno que tensa la mandíbula notoriamente incómodo — ¿por qué crees que mereces el tesorito de mi Raggedy? — Drake enrojece en segundos y yo me atraganto con mi propia saliva al punto de la asfixia.

¡A la mierda las etiquetas!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora