Capítulo 64: Fuegos artificiales

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Olivia

La alarma del despertador que aún no entendía porqué seguía funcionando me sacó de los brazos de Morfeo, pero no me importó en lo absoluto cuando vi al señor ojos de cielo entrar con una bandeja de desayuno y usando sólo su pantalón de pijama, dejando a la vista su bellísimo abdomen.

¿Ya les dije que tengo debilidad por la V marcada asomándose por la ropa?

Los recuerdos de la noche no se hicieron esperar y mis mejillas se calentaron. Pocas veces había tenido sexo sobria, aunque eso suene horrible, pero no recordaba que alguien fuera tan dulce como el hombre frente a mi. 

Ahora entendía cuando en las películas la chica siente el clic, eso que no importa con quien esté sólo lo siente con el protagonista.

— Buenos días — subo mi mirada de su abdomen a su rostro como toda una pervertida mientras se sienta a mi lado dejando la bandeja — dime la verdad — me siento para quedar a su altura tapando mi cuerpecito desnudo con la manta por mero disimulo pero aún así el moreno desvía la mirada a la pared — ¿cómo es que tienes ese cuerpazo? — el vaso de jugo que recién había tomado de la bandeja se queda en el aire con su mano quieta y veo su perfil sonrojarse como niñita de preescolar.

— Olivia... — la risa sale de mis labios y tomo el vaso de su mano para darle un sorbo.

— Sólo dime que es la magia del dinero, no te juzgaré... o tal vez eras un niño gordito que descubrió que quería ser sexy después de ver una película de acción — le guiño un ojo y me tengo que aguantar un suspiro bien cursi al verlo reír.

 — Mi familia es estricta con dietas y ejercicio, nunca fui remotamente obeso, tampoco mis hermanos... Liam solía decir que la grasa en el cuerpo era deshonra para nuestro padre — sonrío con gracia imaginando al cuarto de los Lewis con una campana diciendo "vergüenza" mientras sus hermanos hacían pesas o algo así.

— Debe ser genial tener tantos hermanos, pueden repartirse el peso del apellido — lo veo agarrar la taza de café y se toma un trago dándome un silencio dramático.

— Algo así, aunque el más presionado sigue siendo Ashton — me pasa la tacita de fruta picada aun sin mirarme a los ojos. 

— Sexo — digo la palabra con firmeza y él se pone rojo como un tomate. El silencio dura poco más de medio minuto según mi reloj — mucho sexo — me quedo viendo su perfil aguantándome la risa mientras me como un trozo de sandía — orgasmo — mastico despacio disfrutando del sabor de su vergüenza y la fruta combinados — dos veces — se gira para mirarme con una expresión que hace poco más de un año me habría asustado pero ahora sólo me causaba ternura.

— Jódete — suelta cuando nota que su mirada de "cierra la boca" sólo ensancha mi sonrisa mientras pico un pedazo de piña con el tenedor.

— Jódete tú — respondo con voz más dulce de lo que alguna vez me había escuchado.

Me sentí como Isma cuando se convirtió en gato mientras se preguntaba "¿esa es mi voz?". Pero al diablo, la mueca en su rostro se suavizó cuando metí la piña en su boca.

— Ya hablando con seriedad, Drake, te debo una disculpa — juego con el tenedor mirando la tacita — no eras virgen después de todo... pero me mata la curiosidad — alzo la mirada par ver como negaba con la cabeza.

— No voy a hablar de eso — se echa un buen trago de café y deja la taza en la bandeja.

— Oh vamos — dejo la fruta también a un lado y lo tomo de las mejillas para que me mire directo a la cara — prometo no ponerme celosa — sonrío encantadora y él rueda los ojos.

¡A la mierda las etiquetas!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora