Capitulo 46: La chica

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Me quedo en silencio masticando mi hamburguesa mientras, parafraseando al moreno, me pregunto "¿cómo demonios llegué a este punto?."

De acuerdo, recapitulemos.

Después de ese increíble y extraño asalto bucal, pensé que se iría de nuevo, pero me equivoqué, talvez fue por el hecho de que yo tenía las llaves del auto. Se volteó sin mirarme y tomó mi muñeca sana para arrastrarme fuera del club después de que el pánico llegara a sus ojos por un momento. De lejos, pude ver al hispano levantando ambos pulgares hacia mi con una sonrisa socarrona y no pude evitar reírme por un momento de su expresión.

Cuando salimos le di las llaves, las tomó y entró al auto.

Me senté en la parte trasera, agarré la bolsa de las hamburguesas y desde ahí le he estado dando pequeñas mordidas a la comida los últimos treinta y cinco minutos en los que el silencio ha reinado. 

Una que otra vez mis ojos viajan al espejo retrovisor en busca de los suyos, pero como eso solo pasa en las películas, claramente no los encontraba mirándome.

Podía ver su cuerpo rígido desde donde estaba y se notaba más en sus manos, sus nudillos estaban blancos sosteniendo el volante y como estaba sentada tras el asiento del copiloto podía ver su perfil ahora pálido con la mirada al frente.

Temo por mi vida, porque más del 35% de los accidentes de auto causados por el piloto son por falta de concentración y otro 47% es por cansancio, pero no me aterra más de lo que lo hace hablarle ahora. 

Esta vez no fui yo, sólo quería bailar y él... ¿a quien engaño? yo también lo quería, al diablo, lo admito, odio hacerlo pero lo hago. Amé ese beso, siempre ha estado ahí, y hoy fue el día. 

¿Cierto?

Suelto un grito ahogado cuando el auto se detiene de golpe y el claxon de otro auto se escucha durante más de cinco segundos. ¿Lo más triste? mi hamburguesa se me cayó.

— Maldita sea — gruñe el moreno respirando profundamente.

¡Lo ven, voy a morir!

Casi chocamos y el muy baboso arranca de nuevo y sigue manejando. 

Dejo que llegue a un alto y muerdo mis labios dándome valor antes de hablar.

— Drake... — el auto da un brinco cuando se apaga y lo veo masajearse la sien derecha ocultando su rostro de mi con su mano — ah... sabes, creo que sería menos asfixiante para ti si sólo llamo a un Uber y... — saco mi teléfono mientras hablo y para mi excelente suerte, está muerto — o puedes dejarme aquí y pediré que me lleven al aeropuerto — subo mis hombros con una sonrisa incómoda y lo veo dar otro respiro calmado antes de hablar.

— No voy a dejarte a un lado de la calle, Olivia — su voz suena cansada y distante, enciende el auto y conduce de nuevo.

— Lo sé, pero estás cansado, casi chocas y quiero vivir — desenvuelvo su hamburguesa y le doy una mordida.

— No vamos a chocar — dice serio y yo espero a masticar y tragar para volver a hablar.

— Aún faltan como 8 horas para llegar y te mueres de sueño, si yo manejo nos multarán. Lo más sensato es parar a descansar al menos una hora — doy otro mordisco y lo miro esperando una respuesta — además no somos pubertos... ¿acaso nunca habías besado a nadie de la nada? — digo con la boca medio llena pensando en voz alta.

El auto toma una curva brusca a la derecha pasando de cerca a un motociclista que saca su elegantísimo dedo hacia nosotros antes de seguir su camino.

— No puedo contigo — dice entre dientes saliendo de la pista y se aparca en un muy conveniente parqueo de remolques — sólo un par de horas — advierte cuando apaga el motor y mira su teléfono.

¡A la mierda las etiquetas!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora