Capítulo 44: Ley del hielo

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Bueno... esta vez sí me pasé.

Nadie habla en la mesa, parece que los lugares fueron asignados desde ayer sin decir, ya que tengo a Wyatt y a Drake frente a mi lanzandome rayos con los ojos.

Me sirvo un poco de ensalada de atún tratando de hacer el menor ruido posible y con con la cabeza gacha. Nunca se había visto una cena de los Tracy tan callada e incómoda.

¿La razón?

Después de descubrir mi mentira, Wyatt me persiguió por toda la propiedad hasta que caí por un hueco, así como Alicia en el país de las maravillas. Pero claramente yo no fui a dar a ese increíble lugar, sino al hospital porque me di fuerte en la cabeza y casi me rompo la muñeca y el tobillo tratando de no morir en la caída.

Luego volvimos para esta incómoda cena en la que sé que debo disculparme, pero vamos, ¿romper este hermoso momento de tensión asfixiante familiar?.

— Con permiso — la voz de Drake, que seguía aquí sepa Dios porqué, rompe la burbuja de cada persona presente. Se levanta y da las gracias para marcharse.

Oh bueno, hora de humillarse, el momento favorito de todos.

— Drake, espera — la tensión vuelve a la mesa y los presentes se ponen rígidos al verme puesta en pie — sólo quería... pedir una sincera disculpa a todos — aclaro mi garganta pasando mi peso a la derecha para liberar presión de la férula/bota en mi tobillo, puedo hacerlo, practiqué para este momento — fui infantil, grosera y...

— Te caíste por un hueco — interrumpe Travis con la mano en la boca ocultando una carcajada a medias.

— Desapareció como un topo — le sigue su hermana riéndose con ganas.

Y así, cada uno se fue riendo de mi desgracia, hasta Joe me señalaba mientras de su teléfono se reproducía la persecución y luego mi hermosa caída rompe huesos.

— Aquí está Liv, aquí ya no — dice Garret mostrándole a Lucas como desaparece una lunática.

Casual.

Sólo habían dos personas en todo el comedor que no se reían, y una de ellas lo hacía casi tanto como yo, así que imaginen mi angustia amigos.

Wyatt se levantó despacio, limpió su boca con el pañuelo y lo dejó caer sobre su plato prácticamente intacto; tomó su vaso de agua y salió del lugar sin que nadie, aparte del moreno y mi persona, se diera cuenta.

Aprovecho el momento de burla para alejarme igual que el castaño y con ayuda de la muleta llego a él antes de que suba la escalera.

— Wyatt — deja de caminar dejando su pie en la primera grada pero no se voltea, jamás había visto su cara tan seria — lo siento, en serio, fui estúpida, solo era una broma para Billie, pero para cuando me di cuenta... — no logré terminar, su vaso de agua se encontraba vacío sobre mi cabeza y mi cabello se pegaba a mi cara empapado — lo merezco, lo admito — asiento bajando la cabeza sintiendo los hilos de agua recorrer mi cara.

No dice absolutamente nada, se voltea, deja el vaso en una mesita cerca y reanuda su camino hacia la planta alta tranquilamente.

— Si él no lo dice, yo lo haré, eres una desgraciada — respiro pesadamente antes de volverme hacia el moreno que me mira serio con sus lindos ojos acusadores cruzado de brazos — te pasaste y no lo digo sólo por mi — ladeo mi cabeza cerrando un ojo cuando el agua pasa por este.

— Lo sé, no debí joderlo así — admito pasando mis manos por mi cara con frustración — soy una perra — suspiro y observo el reloj de madera a un lado de la sala — iré a darme una ducha — tomo la muleta y comienzo a ascender lentamente con torpeza ya que ni siquiera puedo tomarla bien con la mano así.

¡A la mierda las etiquetas!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora