(5) Leonor

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Me fui al orfanato, el camino era el mismo, la gente era la misma, los árboles, el suelo, los edificios, los pájaros... todo era igual pero yo sentía que algo había cambiado.

Llegué al orfanato, comí sin entretenerme y fui a saludar a los pequeños con la más sincera de las sonrisas, eran ellos los únicos que podían hacerme sonreír. Los abracé, les pregunté que habían hecho durante la mañana y me despedí.

Mi sonrisa desapareció, otra vez. Fui a mi habitación, terminé los deberes, eran casi las cinco y media, ya era hora de salir. Me dirigí a la calle más transitada de la ciudad en busca de esos malditos seres, en cuanto llegué me quedé esperando en la sombra de un portal a la espera de alguna señal que me indicara que andaban cerca. No tardó en aparecer uno.

Aquel ritual me lo sabía de memoria: salen de entre las sombras, siguen a alguien solitario e intentan destruirlo poco a poco. Me acerqué despacio, pude ver que aún no era muy fuerte por lo que sería fácil deshacerme de él, lo pisé logrando apartarlo de aquella pobre persona, levanté el pie y aquella cosa huyó de mi hacia a una calle solitaria, estrecha y oscura incluso en pleno día, justo como yo quería. Caminé despacio en su misma dirección, sin llamar la atención. Aquel desdichado ser se aferró con todas sus fuerzas a un agujero que había en la pared, apoyé mi mano ocultando ese minúsculo agujero y congelé todo lo que allí se podía ocultar. Después saqué el cilindro helado que acababa de crear y, mientras lo tiraba al suelo para que se rompiera en mil pedazos, susurré "has perdido", pude sentir su rabia e impotencia en ese momento.

Lo que acababa de matar era algo a lo que yo llamaba Sombra, un ser oscuro que se alimenta del dolor que genera para llegar al poder mediante los seres humanos. No todos se concentran desde el principio en llegar al poder, sino que tratan de hacerse fuertes antes para que sean más difíciles de derrotar.

Tras andar un rato en busca de otra me pareció oír el ruido que generaban las Sombras cuando se comunicaban, así que me acerqué. Otra vez un callejón oscuro y desierto, pero este no tenía salida. Me deslicé sin hacer ningún ruido y escuché lo que decían. Allí se encontraban dos Sombras poderosas, más bien de nivel medio, que les advertían de mi existencia a otras que aún no tenían experiencia ninguna.

"Antes de conspirar contra el enemigo aseguraos de que estáis a salvo, o si no tendréis serios problemas. Que pena que ya no podáis llevar a la práctica este útil y práctico consejo", pensé.

Por fin algo divertido. Quiero que quede claro que odio a las Sombras, pero tener que matar solo a las débiles es muy aburrido y al enfrentarme a algunas más fuertes puedo superar mis propios límites, así que combatir contra algo más fuerte de vez en cuando me ayuda a avanzar.

Me saqué un trozo de papel arrugado del bolsillo y me concentré en un hechizo experimental que trataba de perfeccionar, lancé la bola de papel y cuando quedó a la altura de las Sombras explotó calcinando todo aquello que quedara en contacto con las llamas y apagándose en menos de un segundo. Este nuevo hechizo consistía en crear una explosión a distancia que se apagara al momento, pero transformando en cenizas lo que encontrara a su paso. Como este hechizo aún no lo dominaba, solo hacía arder cosas pequeñas que estuvieran en contacto conmigo y que se quemaran con facilidad, de esta manera sería más fácil y seguro que saliera bien.

Conseguí deshacerme de tres sombras, una era de nivel medio y las otras dos eran de nivel bajo, quedaron vivas tres débiles y una más fuerte. Gracias a este experimento logré comprobar que este nuevo hechizo vencía a Sombras de nivel medio.

Después de esa pequeña reflexión era hora de encargarme de las otras cuatro. Las pequeñas eran lentas y miedosas, así que me desharía antes de la más fuerte. Debo añadir que las Sombras no tienen forma fija, se parecen más a una masa viscosa y oscura que cambia de forma por voluntad propia. Me acerqué a la más grande mientras creaba una barrera con la que la acorralé, trató de atacarme y cuando estuvo lo suficientemente cerca la calciné con un hechizo básico de fuego. Las pequeñas sufrieron el mismo destino que la primera a la que me enfrenté, las congelé y luego las destruí.

Aún faltaba mucho hasta que volviera a amanecer así que me quedaba trabajo por hacer, no podía distraerme por un hechizo, pero gracias a él sería más fácil vencer a otras Sombras.

Lucha entre las SombrasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora