(35) Martín

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Leonor salió corriendo como alma que lleva el diablo. Ian perecía preocupado, como si sus padres pudieran herir a Leonor, como si sus verdaderos enemigos fueran ellos y no nosotros ni los extraños seres que estaban en el valle y que amenazaban con matarnos.

— Los monstruos van a atacarnos —dijo Leonor desbocada.

Los padres de Ian no parecieron alterarse. Su actitud me irritaba, mostraban aires de grandeza, como si fueran invencibles. Esa fue la primera vez que vi a Leonor tan preocupada, estábamos en problemas. De repente la rabia y la ira se hicieron presentes en sus ojos y en los míos, mientras Ian seguía mostrándose preocupado. El ambiente era tenso y no parecía que fuese a cambiar.

— ¿No van a hacer nada para defenderse? —preguntó Leonor harta del silencio.

— No es seguro que nos vayan a atacar —dijo la madre de Ian-, además, somos más fuertes que ellos.

— No podremos ganar, son demasiados y no tenemos tiempo —dijo Leonor desesperada—, mañana atacarán y no somos suficientes.

— ¿Cómo sabes que será mañana con tanta seguridad? —preguntó el padre de Ian desconfiado.

— Los escuché hablar —dijo Leonor por segunda vez en el día—, vi una luz desde mi ventana y me dio mala espina.

Sabía que Leonor jamás admitiría eso si no fuera estrictamente necesario. Estábamos en problemas, no tenía ninguna duda. Sin embargo los padres de Ian, en vez de prepararse para lo que se nos venía encima, dudaban de cada una de las palabras de Leonor. Ian se llevó la mano a la cabeza como si Leonor hubiese cometido el mayor error de todos. Tuve un mal presentimiento.

— Dices que los entendiste, pero eso es imposible —dijo el padre de Ian—. ¿Cómo sabemos que no nos mientes?

— ¿En serio creen que bromearía con esto? —dijo Leonor irritada.

— Deja esto en nuestras manos —dijo la madre de Ian dando por zanjada la conversación—. Ian, tenemos que hablar contigo.

Leonor se fue rápidamente y yo la seguí. Podía notar su enfado y decepción, la acompañé hasta su habitación. No aguantaba más tiempo callado, no soportaba verla así, necesitaba ayudarla.

— ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte? —pregunté sentándome a su lado.

— No, no quiero ponerte en peligro —dijo sin levantar la vista del suelo—. Si pudiéramos contar con más gente tendríamos menos posibilidades de morir.

— Si me necesitas cuenta conmigo —dije apoyando mi mano en su hombro—. Ahora solo nos tenemos a nosotros.

— ¿Por qué le tienes tanta manía a Ian? —preguntó cambiando de tema— Dime la verdad, no creo que sea solo porque no te dé buena espina.

— No me fío —me separé de ella mientras le respondía—, eso es todo.

— Pedí una respuesta más completa.

— Ian parece estar interesado en ti a pesar de mostrar una actitud arisca y tengo miedo de que si se acerca mucho a ti te haga daño —quiso interrumpirme, pero no le dejé—. Sé que no necesitas que nadie te proteja, pero no lo puedo evitar. Eres como mi hermana y no podría soportar que te hicieran daño.

— Te agradezco que te preocupes por mí, tú también eres muy importante para mí —dijo levantando la vista para mirarme a los ojos—, pero tendrás que aprender a aguantar a Ian, creo que será nuestro mejor aliado.

Me preocupaba que se encariñara demasiado de él, pero él no de ella. Sabía que no me necesitaba, pero me resultaba imposible no tratar de ayudarla.

— Ahora hay cosas más importantes que resolver —dije cambiando de tema.

— Intenta aprender hechizos nuevos, ya me encargo yo del resto. Vete a tu habitación y descansa, necesitaremos todas nuestras energías mañana —dijo a modo de despedida.

— Está bien, me voy, pero tú también debes descansar —dije mientras me dirigía a la puerta.

Salí de la habitación y me hice invisible, fui hasta el despacho de los padres de Ian y acerqué una oreja a la puerta.

— ... y ya sabes que no debes salir de lo estipulado —dijo la voz grabe del padre de Ian.

— Esa chica es hija de un traidor y de una bestia —dijo la madre de Ian.

— Esa chica se llama Leonor y no muestra ninguna señal de ser una híbrida, mucho menos de querer traicionarnos —dijo Ian defendiendo a Leonor.

— No te encariñes con ella, solo te traerá problemas —dijo la madre—. No debes desobedecernos, ya sabes las consecuencias que tendría eso.

— Lo sé —dijo Ian resignado.

Me aparté de la puerta porque oí pasos acercarse, Ian salió del despacho con cara de pocos amigos. No parecía que fuera a hacer caso a sus padres. Se fue rápidamente a su habitación. Me pregunté a qué se referirían con que Leonor era una híbrida. No sentía que fuese nada bueno.

Escuché como había defendido a Leonor delante de sus padres y eso hizo que me replanteara mi actitud. Su comportamiento me resultó inesperado, quizás no fuera la clase de persona que había pensado que era. Pocos minutos después de que llegar a su habitación fue Leonor a hablar con él. Yo me fui a la mía, aproveché para experimentar con varios hechizos antes de meterme en la cama.

Sin darnos cuenta nos vimos implicados en una guerra en la que no queríamos participar, no sabíamos nada, ¿a quién debíamos apoyar? ¿Qué querían ambos bandos? ¿Qué teníamos nosotros que ver en todo esto? Muchas verdades se destaparían y decidiríamos con quién querríamos luchar, de qué parte estábamos.

Lucha entre las SombrasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora