(30) Leonor

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Después de esperar a que el silencio se hiciera presente salí de la habitación, siendo invisible e intocable. No había nadie andando por los pasillos infinitos de aquel laberinto. Decidí investigar desde dónde habíamos entrado, a partir de allí recorrí todos los pisos y habitaciones de ese primer bloque, todas las salas eran dormitorios. Seguí con el siguiente bloque, pero solo encontré habitaciones individuales. Caminé por diversos pasillos similares, casi iguales, pero no idénticos, que no tenían nada destacable.

Llegué a un bloque que era distinto, en este la apertura central era mucho menor, tenía el tamaño de un ascensor circular de tamaño medio. Subí piso por piso, en todos ellos encontré salas de entrenamiento de distinto tipo, estaban planeadas para entrenar distintas habilidades. Muchas me llamaron al atención, pensé que era un buen método de aprendizaje aprender a usar tus poderes en distintas situaciones.

Ninguna de las habitaciones estaba siendo utilizada menos una. Me sorprendió encontrar a Ian en una sala de fuego entrenando sus movimientos de agua. Parecía estar muy concentrado. Me quedé en esa sala observando todos sus movimientos, era eficaz en sus ataques, no malgastaba energía y se mantenía concentrado en todo momento. De hecho esto último fue lo que hizo que no notara mi presencia, concentrarse está bien, pero solo si eres capaz de seguir siendo perceptivo a estímulos externos inesperados.

Me dio la sensación de que se estaba evadiendo del mundo, como si algo le preocupara. Debía llevar bastante tiempo entrenando porque se veía cansado, demasiado para llevar solo un par de minutos entrenando. Su movimiento final fue destacable, creó un gran remolino de agua tan fuerte que llegó a arrastrarme muy cerca de él. En ese momento me sorprendió teniendo en cuenta que yo estaba utilizando el hechizo que hacía que pudiera traspasar objetos, pero consiguió moverme. Cuando la corriente cesó estaba demasiado cerca de él, si daba un paso en falso sería mi fin, le tocaría y se daría cuenta de que le había estado observando, pero retrocedí lentamente justo a tiempo.

Cuando había dado un par de pasos hacia atrás pude observarlo mejor, su respiración era agitada a causa del esfuerzo, estaba empapado por el hechizo y se notaba muy cansado por el ejercicio. Segundos después de haberme alejado de él, se dejó caer de rodillas en el suelo fruto del cansancio. Le acompañé a su dormitorio por miedo a que, por el excesivo esfuerzo, tuviera algún problema, sin embargo consiguió llegar, cansado, pero sin problema alguno a su habitación. Una vez le vi entrar seguí investigando.

Los bloques variaban según su función, pero ninguno me llamó especialmente la atención excepto uno. Este nuevo conjunto de pisos era diferente a los demás. La forma base era pentagonal, esta vez el centro no estaba libre. En vez de el espacio que cabía esperar, me encontré con con un segundo bloque de pisos también pentagonal. Pensé que sería mejor empezar a investigar las habitaciones exteriores antes de adentrarme en el enorme prisma que se alzaba ante mí.

Ese bloque parecía estar dedicado a la administración y documentos históricos, todo estaba perfectamente organizado, sin embargo algo me daba muy mala espina. Cuando ya había revisado todas las habitaciones exteriores me dirigí a comprobar qué era lo que se ocultaba en el interior del misterioso edificio. Tuve que bajar a la primera planta para poder acceder al interior, la puerta de entrada parecía estar hecha para que nadie no autorizado pudiese entrar. Una vez dentro una alarma empezó a sonar a causa de mi intrusión. En ese momento me di cuenta a qué se podía deber que me detectaran, había eliminado cualquier posible pista de mi presencia excepto una, el peso, seguía pesando lo mismo con los hechizos que sin ellos. Pensé que sería mejor que me fuera de allí lo antes posible para no levantar sospechas y porque el cansancio se hacía presente tanto en mi cuerpo como en mi mente.

Ya sabía qué era lo que debía investigar, ya sabía con certeza que ocultaban algo que solo los que allí mandaban sabían. No dejaría ese misterio sin resolver, pero la próxima vez debería ser más astuta. Regresé lo más rápido que pude a mi habitación y deshice los hechizos. Al terminar me sentí observada, y pensé que la mejor opción era meterme en la cama y así no dar razones para sospechar de mí.

Mi curiosidad aumentaba, ¿qué secreto guardaban allí? ¿Qué ocultan? Quería saberlo todo, pero no sería tarea fácil. Mi mente se llenó de preguntas, poco a poco mi pensamiento se volvió más lento. Me quedé dormida mientas ideaba un plan para adentrarme en ese lugar. No dejaría escapar ninguna oportunidad que me permitiese averiguar más.

Lucha entre las SombrasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora