(12) Martín

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Al principio no sabía si era buena idea contárselo a Leonor, pero después de decírselo estuve seguro de haber hecho lo correcto. Ese día me lo pasé muy bien con ella. Pude comportarme tal y como soy sin preocuparme sobre lo que pudiera pensar de mí.

El sábado volvimos a quedar, decidí ir a buscarla al orfanato sin avisarla y así lo hice. La calle empezaba a oler a verano, ese olor me encantaba. El aire por la mañana es mucho menos denso que al final del día, eso me hacía sentir muy ligero y feliz.

Cuando llegué a mi destino vi a una mujer que llevaba a dos niños en el brazo y le pregunté por Leonor. Me respondió velozmente para que no se le escaparan las dos pequeñas fierecillas que luchaban por soltarse. Me dijo que estaba en su habitación, segunda planta a la izquierda.

Tenía miedo de perderme, pero fue sencillo. Su habitación era la única que estaba a la izquierda de la escalera y tenía su nombre escrito en una placa de madera colgada de la puerta.

Llamé con dos toques y no hubo respuesta así que saludé sin abrir la puerta y dije que era Martín, pero nadie contestó. Me asomé al interior de la habitación y vi a Leonor cogiendo sus cosas y me fijé en que la ventana estaba abierta, por alguna extraña razón me había llamado la atención ese pequeño dato. Entonces Leonor empezó a hablar.

— ¿Vamos? —preguntó ella.

— ¿Vas a dejar la ventana abierta?

— Me gusta que entre el aire matutino por la ventana —en eso yo estaba de acuerdo con ella.

— ¿Por qué no respondiste cuando llamé a la puerta?

— Demasiadas preguntas, ¿no te parece?

Nos fuimos de su habitación y bajamos las escaleras. Entonces una niña la llamó.

-¡Leonor!

Ella se agachó y, aunque no la pude ver, sabía que estaba sonriendo.

— Dime Lili, ¿qué pasa?

— ¿Por la tarde jugarás conmigo a nuestro juego?

— Sí, pero ahora tengo que irme.

Lili le pidió que se acercase y le susurró algo al oído con la intención de que no la oyese, pero la entendí perfectamente.

— ¿Quién es ese chico? ¿Es tu novio? —sentí que mis mejillas se sonrojaban.

— No —respondió Leonor—, es un amigo con el que tengo que hacer un trabajo.

La niña me miró de reojo y se fue. Cuando Leonor dijo que era su amigo me hizo sentir bien, sentí que me merecía ese título porque me había ganado su confianza.

—¿Quién era esa niña? —pregunté después de salir del orfanato-

— La trajeron hace poco al orfanato, para ella es muy reciente la muerte de sus padres. De hecho, a veces sigue preguntando por ellos. Me adoptó como su hermana mayor y yo la adopté a ella como mi hermanita. Nos protegemos mutuamente —pude intuir una pequeña sonrisa en su rostro—. Yo no dejo que nadie se meta con ella y ella me defiende cuando alguien se enfada conmigo.

— Se nota que os queréis mucho —dije sonriendo.

— Todos los que vivimos en el orfanato formamos una gran familia, por eso cuando adoptan a alguno de nosotros es un momento feliz y triste a la vez.

— Lo entiendo, es lógico.

Durante el camino sentía que estábamos siendo observados y Leonor también lo sabía. Miraba hacia todas partes como si estuviera preocupada por lo que acechaba en las sombras. Sentía que algo había cambiado tras contarle lo de la escarcha. Tenía la sensación de que estaba esperando el momento oportuno para contarme algo muy importante.

Lucha entre las SombrasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora