Me fui de la habitación dejando sola a Leonor para cenar con mis padres. Cuando llegué ya estaban los dos sentados en la mesa esperándome.
— ¿Te apetece ver mañana una película con nosotros? —preguntó mi madre.
— ¿Mañana por la noche? —pregunté.
— Sí, mañana por la noche, los tres juntos.
Sabía que me quedaba mucho por aprender con Leonor pero, hacía meses que no veíamos una película los tres juntos y no les podía hacer sospechar de que algo me ocurría. Acepté encantado a su propuesta.
— Sí, claro. Me encantaría. ¿Qué película vamos a ver?
— Es un secreto —contestó mi padre.
Cenamos y nos despedimos dándonos las buenas noches. Acto seguido me fui a mi cuarto y para mi sorpresa me encontré a Leonor durmiendo en mi cama. Debía estar agotada, su horario era casi inhumano, por eso la dejé dormir. Susurré algo como si ella u otra persona pudieran oírme.
— Te mereces descansar, aunque solo sea una noche —susurré mientras la miraba con dulzura.
Me senté en mi silla dispuesto a practicar lo que Leonor me había enseñado, tenía miedo de equivocarme y perder el control, pero tenía que practicar, de todas formas, si algo malo ocurría tenía a Leonor cerca y ella lo solucionaría rápidamente. Debo aprender a dejar de depender de ella.
Los hechizos que llevaba a cabo con más facilidad eran los de hielo, sin embargo, los de fuego me costaban mucho y no era capaz de mantener una pequeña llama encendida por más de dos segundos, traté de hacer un hechizo de agua y otro de roca. El de roca me recordaba al de hielo y por eso me resultó más fácil realizarlo, por el contrario, el da agua me pareció más difícil porque al ser un liquido era más complicado de controlar que un sólido.
Me sentí observado en todo momento, no sabía quien podía ser. Intuía que no conocía a esa persona, pero su mirada estaba fija en mí. Era molesto, muy molesto. Sabía que me miraba desde fuera, pero estaba todo oscuro y yo no podía ver nada, sabía que se estaba escondiendo. Era plenamente consciente de que no se trataba una casualidad. Tuve una corazonada que me decía que no sería la última vez que me sentiría así. Pensé que era alguien que estaba buscando a Leonor y puede que a mí también. Mis suposiciones eran acertadas por primera vez, pero no lo sabría hasta un tiempo después.
Decidí que ya había practicado lo suficiente, así que saqué la cama plegable de debajo de la mía y dormí un rato. Al día siguiente me despertó Leonor con un suave balanceo. Al ver que no me movía me agitó más rápido.
— Despierta, levanta. Sé que no estas dormido —me dijo sin levantar mucho la voz.
Abrí los ojos y miré a mi reloj, eran las ocho y media.
— Es muy temprano, además es domingo —aún estaba un poco adormilado y tenía la voz ronca.
— ¿Por qué me dejaste dormir? Pudo pasar algo malo —dijo preocupada.
¿Cómo podía estar tan despierta? Me senté con las piernas cruzadas en la cama. Mis ojos aún no se podían abrir del todo, pero Leonor me estaba mirando fijamente sin mostrar ningún signo de cansancio.
— Estabas muy cansada te merecías dormir un rato —dije con la voz un poco menos ronca.
— Deberías haberme despertado igual.
Nos quedamos un rato en silencio y ella se levantó, su cabeza se giró en dirección a la ventana y se acercó a ella.
— ¿Sientes eso? —preguntó sin apartar la vista de la ventana.
— Ayer sentí que nos observaban desde fuera, pero todo estaba tan oscuro que no pude ver quién se ocultaba en la oscuridad.
— Pues esa persona aún no se ha ido, sigue observándonos y dudo que decida irse pronto —dijo convencida.
— Nos está buscando —dije concretando.
— Y no va a parar hasta conseguir su objetivo, sin embargo... —no terminó la frase.
— ¿Qué ocurre? —pregunté preocupado.
Pude ver como le brillaban los ojos en ese momento, no era un brillo normal. Tramaba algo y no dejaría que nadie se interpusiera en su camino. Se giró rápidamente hacia mí y empezó a hablar cambiando radicalmente de tema. Odiaba cuando hacía eso.
— Tengo que irme al orfanato antes de que alguien me eche en falta —ignoró completamente mi pregunta.
— Te acompaño —dije consciente de que no me serviría de nada tratar de averiguar qué tramaba.
— No, tú quédate aquí —dijo amenazante.
— Dame alguna razón por la que no te pueda acompañar —la reté, aunque ya debería saber que sería ella la que ganaría.
— Te voy a dar dos razones —contestó desafiante—, la primera es que tus padres se pueden despertar en cualquier momento y la segunda es que alguien te podría ver desde el orfanato o incluso fuera y empezarían a preguntar. Además, ya sabes que odio los interrogatorios y...
— Y que te contradigan —dije completando su frase antes de ella la pudiese terminar.
Me miró de reojo y recogió su cazadora. Fue hacia la puerta, pero se paró antes de abrirla.
— ¿Podrías abrirme la puerta de la entrada? —dijo sin mostrar sentimiento alguno.
— Ayer mientras estabas durmiendo practiqué un poco de magia —dije mientras abría la puerta de mi habitación y buscaba la llave dentro de un cajón del mueble de la entrada—, me resulta más fácil controlar la materia sólida que la líquida.
— A mí me pasa justo lo contrario —dijo mientras cruzaba la puerta—, lo que mejor se me da es el fuego, pero soy mejor controlando los líquidos que los sólidos, son más moldeables y obedecen mejor mis órdenes.
Nos despedimos y se fue. Tenía miedo de que le pasara algo malo, pero ella siempre se las arreglaba, no necesitaba que nadie cuidase de ella.
Me fui a mi habitación para asomarme a la ventana y ver cómo se alejaba. En cuanto torció la esquina de la calle desapareció de mi vista. Solo deseaba que el que nos estuviera observando no intentara hacerle daño, pero en ese momento dejé de sentir su presencia. Algo era seguro, yo no era su objetivo, iba a por Leonor.
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Lucha entre las Sombras
FantasíaLa oscuridad acecha en todas partes. A veces nos consume y nos transforma en unos extraños, robándonos nuestros recuerdos. A Leonor la oscuridad le robó su pasado y ahora tendrá que recomponer las piezas esparcidas de la memoria. Mientras tanto libr...
