Después de visitar a Martín me fui al orfanato usando los dos hechizos que había utilizado para espiar a mi perseguidor, por eso no necesité que me abriera la puerta de su casa. Esa combinación también la iba a usar en el plan de la noche siguiente.
Cuando llegué a mi habitación comprobé que quien me estaba siguiendo permanecía allí, lo pude ver durmiendo donde siempre. Tras asegurarme de que no se había ido me fui a la cama y dormí. Por el camino de ida y de vuelta no había visto a ninguna Sombra, como sospechaba. En ese momento pude asegurarme de que no las volvería a ver por ahí. Estaba convencida de que había tenido que venir un grupo de gente para exterminarlas, es imposible que una sola persona pueda matarlas a todas en una sola noche, si no yo ya lo habría hecho.
Al día siguiente fui a clase y volví al orfanato con Martín. Tratamos de no hablar de magia, no quería que a raíz de nuestra conversación sacase información sobre nuestro nivel de conocimiento de ella. Llegué al orfanato y cuando entré en el comedor no había nadie más que María, Luis, Lucas y Leo, el resto habían terminado de comer y se habían ido. Ellos estaban hablando y riendo, parecían esperar a alguien.
— ¡Leonor! —dijeron los dos gemelos abalanzándose sobre mí— Te estábamos esperando, ya nos vamos con nuestros padres.
— ¡Qué bien! —dije abrazándoles— ¿Pero no os iban a recoger ayer?
— Sí, pero como no te vieron quisieron venir hoy a despedirse —dijo María—, no querían irse sin decirte adiós. Se nota que los cuidaste mucho, te quieren más de lo que Lois y yo habíamos imaginado.
No pude evitar sonreír, ahora los vería menos. Ese par de angelitos habían ocupado un lugar muy importante en mi corazón y eso era irremplazable. Poco a poco durante mi estancia allí vi como todos los niños del orfanato se iban y me resultaba doloroso pero reconfortante. Nunca me acostumbraría a decirles adiós, pero siempre lo hacía, me dolería más si no me despidiera de ellos.
Después de una larga despedida me fui a mi habitación y maté el tiempo estudiando.
Llegaron las doce de la noche, me metí en la cama, cuando noté que mi perseguidor se iba me levanté y llevé a cabo el hechizo de invisibilidad y el que me permitía traspasar los objetos a mi gusto.
Bajé las escaleras y fui hasta donde debería estar Martín, le hice la señal. Cuando terminamos de hacer el hechizo de conexión salimos del orfanato y entonces Martín me preguntó algo en voz baja de manera que nadie excepto yo pudiera oírle.
— ¿No es probable que haya salido de aquí siendo invisible? —preguntó preocupado.
— Sí, ya lo había pensado. Cuando tú haces un hechizo de invisibilidad solo puedes volver invisible aquello de lo que tengas conocimiento, es decir, le coloqué en la espalda una pegatina brillante que refleja la luz. Él no lo sabe, por eso no puede volverla invisible —le expliqué.
Asintió, esperamos fuera del orfanato por detrás de la única puerta que separa el jardín del resto de la ciudad, no saldría por otro sitio ya que el muro está rodeado de edificios y la cara frontal era la única que daba a una calle. Vi un pequeño reflejo en una esquina de la calle y agarrando a Martín de la muñeca salí corriendo. Al girar la esquina vimos cómo se hacía visible. Le seguimos, se fue alejando del centro de la cuidad hacia la cancha abandonada a la que había ido yo unos días antes. Allí esperó un rato a que llegara una mujer adulta y empezaron a hablar.
— La estuve siguiendo como me mandó, tomando todas las precauciones que me habían enseñado —dijo mi perseguidor mostrándole gran respeto a esa mujer.
— Así lo esperaba, te mandé a esta misión porque eras el mejor para ejecutarla, tomas decisiones a sangre fría, sin mostrar nerviosismo alguno —dijo la mujer—. Cuéntame qué has descubierto sobre ella. ¿Has averiguado cómo aprendió a hacer magia?
— No lo he podido descubrir aún, no parece tener mucho conocimiento de magia, solo la he visto utilizar hechizos simples aunque muy efectivos y bien ejecutados. Se llama Leonor, y conoce a otro chico con el que coincide en clase que se llama Martín, le está enseñando magia, parece ser un novato. Ambos tienen mi edad, he podido observar que aunque siempre están juntos no se hablan durante el horario escolar.
— Tu información es muy buena y completa —dijo la mujer satisfecha—. ¿Seguro que no la has visto utilizar un hechizo complejo o combinado?
— Una vez lanzó pequeñas explosiones a distancia —dijo con un tono de voz inexpresivo.
— ¿Que hizo explotar? —preguntó la mujer con curiosidad.
— Trocitos de papel que tiraba y antes de que tocaran cualquier objeto los hacía explotar.
— Muy bien, eso es todo por ahora Ian.
Ya sabía cómo se llamaba mi perseguidor, su nombre era poco común pero breve, ya podría usarlo en mi beneficio.
— Entendido, es un placer trabajar para usted —dijo Ian con gran respeto hacia ella—. ¿Cuál será mi próxima misión?
— Ahora espiaras al amigo de esa chica durante otros dos días y luego ya decidiremos qué haremos con ellos —su voz sonó serena pero exigente—. Nos vemos dentro de dos días aquí a la misma hora. Adiós Ian.
— Adiós señora.
La mujer desapareció y él volvió al orfanato. Nosotros nos adelantamos. Martín se fue hacia su casa, aún invisible, y yo volví a mi habitación. La noche había sido productiva e interesante. Teníamos todas las cartas a nuestro favor, ya había logrado mi objetivo. Ahora era yo la que sabía mucho más sobre él y sobre su misión que lo que él sabía sobre mí, o al menos eso creía.
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Lucha entre las Sombras
FantasyLa oscuridad acecha en todas partes. A veces nos consume y nos transforma en unos extraños, robándonos nuestros recuerdos. A Leonor la oscuridad le robó su pasado y ahora tendrá que recomponer las piezas esparcidas de la memoria. Mientras tanto libr...
