Después de comer lo dos tortolitos se fueron al tejado a hablar de sus cosas y Tais y yo nos quedamos solos. Nos fuimos a una sala común que estaba vacía, para que nadie nos molestara.
— Ian y tú ya os empezáis a llevar mejor —dije yo.
— Sí, sabemos que estamos del mismo bando e intentamos deshacernos de los prejuicios que nos inculcaron nuestros padres. Parece sencillo, pero no lo es. Cuando te enseñan a odiar algo es difícil aceptarlo y quererlo.
— Sin embargo intentaste ayudarnos cuando tu familia nos puso una trampa.
— Porque a pesar de todo sé diferenciar cuando algo es injusto y cruel —su expresión cambió de seria a pícara—. Aunque también he de decir que influyó el hecho de que estabais más indefensos que un corderillo recién nacido, me disteis pena —ambos reímos relajándonos.
— De todas formas parecía que conmigo no tuvieras ningún problema.
— Al principio sí, pero luego rectifiqué.
— ¿Y qué te hizo rectificar? —pregunté especialmente curioso.
— Que nunca hubieses sabido de la magia hasta conocer a Leonor, es decir, el hecho de que no pertenecieras al clan de Ian influyó. Además, me defendiste cuando él no paraba de atacarme. Supongo que fueron tus actos los que marcaron la diferencia. Me demostraste que no eras como lo que me habían enseñado.
— Aún no te di las gracias por evitar que matase a Ian y que él me matase a mí. Me salvaste la vida —le agradecí.
— No fue nada, solo hice lo que debía hacer.
Nos quedamos mirando el uno al otro. Me gustaba estar con ella, sentía que podía confiarle cualquier cosa. Lo que me había dicho me hizo sentir bien, importante. Sentía que que mi corazón sonreía y creo que ella también lo sentía. Quería estar junto a ella, hacerla sonreír. Estábamos muy cerca el uno del otro, a penas unos centímetros nos separaban. No estaba pensando en ese momento, solamente me dejaba llevar.
— ¡Oye! ¡Martín! —gritó un chico que caminaba hacia nosotros sobresaltándonos— ¿Qué tal? —dijo alegre hasta que se fijó en Tais.
— Perdona, ¿te conozco?
Un grupo de chicos se acercó, supuse que serían amigos suyos. Él parecía el líder de la banda.
— ¿Qué haces con ella? —preguntó ignorándome.
— ¿Te conozco? —insistí.
— No, soy Lucas, solo quería decirte que admiro la increíble labor que llevan a cabo tus padres, son prácticamente los únicos responsables de que esto siga en pie. No creo que les hiciera mucha gracia que estuvieras con ella —dijo mirando de reojo a Tais que estaba empezando a enfadarse.
— ¿Por qué motivo exactamente? —pregunté cansado.
— Sabes perfectamente de quiénes es hija.
— Precisamente porque lo sé y la conozco mejor que tú sé que a mis padres no les importaría, de hecho les parecería hasta bien.
— No te esfuerces —me pidió Tais.
— Incluso ella sabe que tengo razón —dijo Luca.
— Lo que sé es que no merece la pena gastar el tiempo intentando hacer entrar en razón a alguien tan corto de miras —él intentó interrumpirla pero ella no le dejó—. Entiendo que odies a mi familia por lo que hizo, pero yo no soy culpable de nada, eso lo tengo muy claro y si tú eres incapaz de verlo por lo menos no intentes cegar a otros.
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Lucha entre las Sombras
FantasyLa oscuridad acecha en todas partes. A veces nos consume y nos transforma en unos extraños, robándonos nuestros recuerdos. A Leonor la oscuridad le robó su pasado y ahora tendrá que recomponer las piezas esparcidas de la memoria. Mientras tanto libr...
