— Hijo ve a por Leonor —la mujer le ordenó—. ¡Corre!
— Mami, ¿qué pasa? —el niño hizo una pausa— ¡Mami!
— Haz caso a mamá —dijo el hombre—, espera a que todos se vayan y recógela, después llévala a dónde te hemos dicho.
El niño asustado, con lágrimas en los ojos corrió todo lo rápido que pudo a buscar a aquel pequeño ser. No sabía por qué debía hacerlo, pero confiaba en sus padres. A penas tenía cinco años y sabía perfectamente lo que debía hacer.
Oyó golpes, gritos y ruidos que simplemente no quiso reconocer. Tenía mucho miedo, se sentía solo y desprotegido. No entendía qué pasaba.
Unos pocos minutos antes a cuatro calles de allí, un matrimonio esperaba. Ninguno parecía preocupado o alterado por lo que en poco tiempo ocurriría. La madre mecía a la niña mientras el padre buscaba una pequeña mantita para que la pequeña estuviera caliente.
— Vas a hacer grandes cosas —le dijo la madre—, salvarás a muchos.
— Les enseñarás la verdad —continuó el padre—, harás justicia y terminarás lo que nosotros empezamos.
Los tres se fundieron en un cariñoso abrazo. La pequeña aún no sabía lo que pasaba, tenía meses casi un añito, pero en ese momento se sentía segura en los brazos de sus padres.
— Estaremos contigo siempre —dijo el padre.
— Prometido —insistió la madre.
El padre cogió a la niña en sus brazos con cuidado y la llevó a un lugar seguro, protegiéndola de todo peligro. Entonces esperaron de la mano delante de la puerta principal. En ese momento un grupo de tres personas subieron las escaleras hasta a llegar al piso y tiraron la puerta abajo. Los cinco se miraron durante unos segundos sin decir nada.
— Veo que solo os juntáis cuando se trata de matar —dijo la madre.
— Os costó encontrarnos —añadió el padre—, pensábamos que erais más listos.
— Lo mismo os digo —dijo la mujer de la entrada con expresión implacable—, ¿en serio creéis que esto va a servir de algo?
— Vais a morir sin haber cambiado nada —dijo el hombre que estaba a su lado.
— Luchar para morir —añadió el de la esquina—, patético.
— Lo patético es vivir para matar —dijo la madre del bebé—, vivir para alcanzar un poder que nunca os pertenecerá.
— No lo merecéis, ni siquiera sabríais usarlo —continuó el padre—. Provocaréis una matanza, ¿para qué? ¿Para someter a los humanos y al bando contrario? ¿Para ser más ricos y poderosos, más respetados quizás?
— Todo para morir como cualquier otro, porque la vida eterna no es algo al alcance de vuestro control. Será vuestra meta, pero no sabéis el precio a pagar. Los antiguos ocultan muchos secretos.
— ¡Callaos alimañas! —gritó el hombre de la esquina.
— ¿Dónde está la niña? —preguntó la mujer, tan inalterable como siempre.
— ¿Qué niña? —preguntó el padre mientras sonreía con malicia.
— Ratas de alcantarilla —masculló el primer hombre.
— Creo que te refieres a vosotros, ¿no? —dijo la madre.
Entonces la casa empezó a arder y los cinco comenzaron la luchar sin piedad, ninguno salió ileso de aquel lugar. Los peor parados fueron los padres de la pequeña criatura, ambos muertos, tal y como anticiparon. Justos por pescadores.
Al final los tres intrusos inspeccionaron la casa sobreponiéndose al dolor de las heridas, en busca de la niña. Inspeccionaron cada rincón, pero no fueron quienes de encontrarla.
Una vez se fueron, el niño que esperaba fuera entró, llegó al piso de la pareja y durante unos segundos se quedó paralizado ante aquella escena. No se paró a reconocer a esas personas que yacían en el suelo, si lo hubiera hecho los hubiese reconocido, aquellos buenos amigos de sus padres con los que tantas risas habían compartido.
Todo estaba destrozado, todo menos una pequeña cuna, no entendió cómo eso era posible. Había sido testigo de la pelea, los golpes, el fuego y otras sombras que no fue quién de reconocer.
Encontró a la niña tumbada en la cuna envuelta con una mantita. Le pareció tan frágil y vulnerable que la cogió en el regazo lo más dulcemente que pudo. La llevó rápida y sigilosamente a dónde sus padres le habían indicado sin ser consciente de lo importante que sería su acción.
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Lucha entre las Sombras
FantasyLa oscuridad acecha en todas partes. A veces nos consume y nos transforma en unos extraños, robándonos nuestros recuerdos. A Leonor la oscuridad le robó su pasado y ahora tendrá que recomponer las piezas esparcidas de la memoria. Mientras tanto libr...
