(56) Martín

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— Tenemos que irnos —dijo Leonor nada más abrí la puerta.

— Primero tenemos que trazar un plan —dije yo.

— Mi plan es que no nos maten... —hizo una pequeña pausa— Tengo novedades, aunque antes tendremos que hacerle una visita al relojero.

La seguimos hasta la tienda, tuvimos que esperar un rato a que Kay llegara. Necesitaba hablar con Leonor, no entendía bien por qué mis padres me habían dado aquel regalo.

— Ian, Martín —dijo Tais para romper aquel incómodo silencio—, ¿por qué cuando os atrapamos no intentasteis deshacer las ataduras?

— Ya conocía ese nudo, solo se puede deshacer desde fuera y si lo intentas cortar es más probable que te acabes hiriendo antes de lograr romper la cuerda— dijo Ian.

— Yo simplemente me di cuenta de que cuanto más forcejeaba más me apretaba y pensé que intentar cortarla sería peor— respondí yo.

— Me parece la mejor forma de atrapar a alguien. Yo lo he intentado pero siempre fallo en el último paso —dijo Ian, me sorprendió oírlo hablar así.

— Yo lo aprendí hace poco, pero me costó. Si quieres te digo algunos trucos para que no te confundas —dijo Tais.

Acto seguido los dos empezaron a practicar, me sorprendió el cambio que dio su relación. Mientras tanto Leonor seguía observando a la calle, pendiente de que el relojero llegara. Me hizo una seña para que me acercara.

— ¿Qué ocurre? —pregunté buscando con la vista a Kay.

— ¿Qué es lo que hay dentro de la caja? Es importante— dijo sin mirarme.

— Una llave, no parece nada especial, ni siquiera parece antigua. Sin embargo, no concuerda con lo que me dijeron mis padres en la carta —no di demasiada información porque era innecesario, ella me entendería.

— Les dejaste una carta, ¿verdad? —preguntó ella sin apartar la vista.

— Sí, ya sé que es peligroso y que ya saben que estoy vivo, pero quiero que sepan que los hecho de menos —un dolor agudo se instaló en mi pecho, pero quería saber más—. ¿Tú tienes algo?

— Sí, tengo mucho que... —iba a seguir hablando pero algo la detuvo— Ahí está. ¡Chicos! —los llamó sin levantar demasiado la voz— Manos a la obra.

Cuando entramos en la tienda había una señora mayor preguntando por un encargo, no tardó mucho en ser atendida. En cuanto la anciana se fue cerré la puerta, puse el cartel de cerrado y bloqueé la manilla.

— Bien, hora de hablar sin tapujos —dijo Leonor.

— ¿Qué queréis mocosos? —dijo Kay.

— No somos "mocosos", tenemos nombres, aunque tampoco estás en condiciones de rechistar —el relojero hizo ademán de decir algo, pero Leonor no le dejó—. Me vas a escuchar y vas a responder a todas nuestras preguntas.

— ¿Por qué debería hacer eso? —dijo él confiado.

—Porque te puedo incinerar vivo si quiero y nada podrá evitarlo —dijo Leonor—. ¿Cuál es tú papel en todo esto? ¿Qué es lo que proteges tú? ¿Por qué te limitas a ocultarte? Eres el único que no miró por mí todos estos años, quiero saber si eres un cobarde o tienes un plan entre manos.

— No sé de qué me hablas —dijo apartando la vista.

Leonor se acercó a él amenazante. Sabía que quería agarrarlo por el cuello, estaba harta de esperar.

— Tais, ¿quieres hacer los honores?

— Encantada —dijo ella mientras ataba a Kay con el nudo que antes estaban practicando.

Lucha entre las SombrasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora