Capítulo 34

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La mirada de Daniel estaba sobre mí todo el tiempo, evaluaba cada movimiento. Detesté cómo miraba mis muñecas sin disimular, aunque yo intentara cubrirlas con las largas mangas de mi suéter.

Me sentía avergonzada en parte, él fue el primero en verme sobre el suelo de mi cocina desangrándome. Él tuvo que buscar entre sus archivos mi dirección y llegar hasta allí, tirar la puerta y tratar de socorrerme en conjunto con los paramédicos que lo acompañaban. Sentía la gran necesidad de agradecerle, quería decirle lo mucho que apreciaba que dejara sus cosas de lado, solo para ir a salvar a una estúpida chica depresiva que no mide sus actos. Sin embargo, esas palabras que él merecía no salían de mis labios, mi voz desaparecía cuando estaba decidida a decírselas.

—Alex, si tú quieres podemos hablar de... —Suspira. —Ya sabes. ¿No crees que ya es hora?

Al escucharlo decir aquello los nervios y la ansiedad vuelven a mí. Siempre que me hace esa pregunta, siento ganas de salir corriendo.

—Te he dicho lo necesario. —Respondo.

—No, me has hablado sobre Anónimo, sobre su romance, sobre lo mal que te has sentido después de él. —Dice sentándose en la silla que se encontraba junto a mí. —Pero sabes que aquello que estas guardando te está destruyendo mucho más que todo lo anterior.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Lo que más detesto es recordar, solo quiero enterrar el pasado, así como él está a diez metros bajo tierra sin sentir la más mínima preocupación. Me gustaría que, así mismo, los recuerdos malos se fueran para siempre, que dejaran de atormentarme cada vez que me encuentro sola, en la obscuridad de mi habitación.

—Aún no estoy lista. —Digo sin mirarlo, me concentro en un punto fijo de la pared.

—Solo te diré que, si quieres contármelo, en el momento que sea, puedes hacerlo. Puedes llamarme si necesitas ayuda. Si decides dejar de guardarte eso para ti sola. Cuando decidas hablar de eso con alguien, te aseguro que te sentirás mucho mejor.

No estaba segura de ello. Sentía que, si lo decía, las cosas pesarían más sobre mis hombros, que la gente me juzgaría. Porque eso es siempre lo que hacen, juzgar a los demás sin detenerse siquiera a pensar en el contexto, sin importarles, aunque sea lo me llevó a pasar por las tragedias más grandes, por los momentos más amargos, por las escenas más horribles.

—Sí, seguro que algún día consigo decírtelo.

Se acercó cuidadosamente a mí e intentó tomar mi mano, yo la quité de inmediato antes de que pudiera tocarla siquiera, me sentí mal después. Después de pensarlo un momento, esta vez yo fui quien buscó su mano y él me correspondió. Se sintió reconfortante el contacto, reprimí ese miedo que me provocaban este tipo de situaciones, no era para nada el momento adecuado para gritar como una loca. Así como lo hice con John.

—Alex, debes saber que, aunque pienses lo contrario, sigues siendo una chica maravillosa. —Él busca mi mirada, con suerte logra encontrarla. —Nada de lo que pudo haberte sucedido en el pasado hará que valgas menos. No descansaré hasta verte feliz, buscando una universidad, con la emoción de viajar a estudiar al extranjero y de enamorarte de nuevo.

Sus palabras llegaron hasta lo más profundo de mi alma, quería pensar que él de verdad se preocupaba por mí. Que, a diferencia de otros especialistas, está interesado en encontrar una solución a mis problemas, sin importarle el dinero, sin importarle nada más que mi bienestar.

En un impulso ajeno a mi yo actual, me lancé a sus brazos, estallé en lágrimas y me refugié en su hombro. Así como... Él solía también prestarme su hombro en casos como estos. Daniel acarició mi cabello, me consoló, así como solo mi madre lo hace cada vez que tengo una pesadilla. Con la misma paciencia.

ObsesiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora