Cuatro años antes
Me gustaría decir que en esta época todo es felicidad, que las luces que iluminan el vecindario entero le dan un toque especial y que mi familia se reúne para cenar. Lo cierto es que es todo lo contrario, Sarah y yo nos encontramos solos en casa. Observamos atentos el enorme pino artificial, que a su alrededor tiene esferas de colores y pequeños focos navideños. Nosotros mismos nos encargamos de decorarlo de ese modo, nosotros le dimos vida a ese viejo árbol que estaba guardado en el sótano.
Asimismo, me habría gustado que pudiéramos darle vida a esta aburrida noche, que al menos el repartidor de pizza no tardara con nuestro pedido. Sarah mira atenta la puerta de entrada, tamborilea con sus dedos desesperadamente el libro que tiene sobre su regazo, de vez en cuando coloca una de sus manos bajo su barbilla y suspira.
—No vendrán, ¿cierto? —Decía una y otra vez.
Habría querido que mis palabras la convencieran, que de algún modo ella tuviera esperanza. Aunque yo ya la hubiera perdido hace tiempo.
—Claro que sí, seguro hay demasiado tráfico. —Respondo.
Sé que, aunque quiera no puedo sonar convincente. Yo mismo sabía que nuestros padres no vendrían a tiempo, la pizza al parecer tardaría en llegar y nosotros tendríamos que pasar una navidad más completamente solos.
Sentía una opresión en el pecho cuando veía en los ojos de mi hermana una lágrima querer escapar. Aunque ella es fuerte, sé que quiere que las cosas no sean de este modo. Sé que a veces se quiebra, que llora por las noches y sé también que le gustaría que alguien llamara a la puerta, aunque se tratara del repartidor.
Desde la calle se empezaron a escuchar las carcajadas de alguien, la angelical risa de una persona que quizá podría alegrar un poco mi navidad solo con dedicarme una mirada. Me levanté del sillón de inmediato, Sarah observaba atenta cada uno de mis movimientos. Mientras más me acercaba a la ventana, más claramente podía escuchar su voz. Seguramente estaría jugando con alguno de sus primos, que siempre llegan de visita en estas fechas. Cuando la vi a través del cristal, lo confirmé.
Correteaba por la acera intentando huir de Chris y Ray, sus pequeños primos gemelos. Los dos pequeños trataban de acorralarla, Alex siempre se les terminaba escapando. Ella estaba usando su habitual suéter rojo que le quedaba tres tallas más grande, unos jeans ajustados y botas de invierno. Sus mejillas estaban completamente enrojecidas, su cabello rubio volaba con el viento y su sonrisa iluminaba el vecindario entero.
—Deja de observarla, un día de estos se dará cuenta de lo acosador que eres. —Dijo Sarah.
—Ojalá lo hiciera... Ojalá se diera cuenta de lo mucho que amo cada vez que sonríe, de lo mucho que la amo a ella. —Murmuré más para mí mismo.
—Miles, ven aquí, no es bueno que observes de ese modo a las personas.
No tenía intenciones de moverme, y aunque las tuviera no podría. Solo verla ahí, tan radiante como siempre, me hacía quedar completamente hipnotizado, hechizado.
Escuché el timbre sonar, le dediqué una rápida mirada a Sarah para que fuera ella quien se encargara de abrir la puerta. Ella lo comprendió de inmediato, aunque como siempre, no quería hacerme caso. Intentó desatar una guerra de miradas entre nosotros, no me obedecería tan fácilmente. Se levantó del sillón desafiante sin terminar con el contacto visual. Cada vez que hacíamos esto me recordaba a esas películas del viejo oeste, donde el villano y el alguacil se miran intensamente, antes de que alguno de ellos fuera el más rápido y sea el primero en sacar su pistola.
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Obsesión
Fiksi RemajaÉl termina con su vida, saltando de un precipicio frente a Alex. El mismo chico que la amó y le dejó profundas notas de amor en su casillero, decidió lanzarse y dejarla sola. Pero...¿Por qué lo hizo?, ¿por qué frente a ella? Y la pregunta más impo...
