Explosiones

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─Señor MacQueen, es un gusto verle por aquí─ me saluda Samuel, el maître.

─El gusto es mío, Samuel─ le devuelvo el saludo.

─¿Necesita una mesa, señor? ─.

─Si es posible─ le sonrío.

─Claro que sí, señor─ asiente cordial─ Por aquí, por favor─ se limita a decir. Belle y yo seguimos a Samuel, un señor añoso que trabaja en este lugar desde que el restaurante comenzó a funcionar hace, aproximadamente, veinte años.

Ayudo a Belle a sentarse en su lugar, para luego acomodarme frente a ella. Samuel nos ubicó en una mesa cuadrada para dos, en un lugar escondido del restaurante.

─¿La carta, señor? ─ ofrece el anciano.

─Por favor─ respondo. Me tiende una a mí, luego la otra a Belle, quien no se mueve de su lugar─ Belle, la carta─ le aviso.

Ella frunce el ceño y luego forma un 'o' con sus labios, para finalmente, estirar su mano, esperando que sea depositada allí.

─Lo siento, señor─ se disculpa la morena, sin dirigir su atención hacia el hombre mayor.

─No se preocupe, señorita─ le sonríe amable. Belle, esta vez, lo mira─ Cuando estén listos, me llaman─ dice solemne, luego se retira.

─Se oye simpático─ comenta Belle.

─Lo es─ respondo.

─¿Estás enojado conmigo? ¿Hice algo que te molestó? ─ luce preocupada.

Sí, provocarme.

─No, estoy bien─ vuelvo mi atención al menú.

─¿Recuerdas que te dije que tu voz cambiaba cuando mentías? ─ la miro. Tiene una ceja alzada. Esto es nuevo.

─Está bien, está bien─ suspiro─ Me ocurre algo, pero no te lo quiero decir, ¿sí? ─ ella asiente, sonriendo.

─Deberían tener un menú escrito en braille─ suspira.

─¿Cómo? ─.

─Un menú para gente ciega─ apoya su cabeza en su mano. La miro.

─Tienes toda la razón, se lo comunicaré a la directiva─ ella sonríe. Su sonrisa es tierna, no como las sonrisas que antes me ha mostrado.

─Gracias, David─ vuelve a sentarse derecha─ ¿Qué me recomendarías comer? ─ entrelaza sus manos sobre la mesa.

─No lo sé, yo comeré ravioli─ cierro el menú.

─Bien, quiero lo mismo─ toma el menú, aprisionándolo contra su pecho.

Aviso que ya estamos listos para pedir. Una vez que toman nuestra orden, debemos esperar a que preparen nuestra comida.

─¿Crees que para un niño sea una fortuna vivir lejos de sus padres? ─ pregunto de pronto. Belle alza su cabeza, siguiendo mi voz.

─Depende─ responde.

─¿De qué? ─ me cruzo de brazos. Nunca pensé que esa sería su respuesta.

─De un par de cosas, ¿por qué lo preguntas? ─ frunce el ceño.

─Una de las chicas del lugar al que fuimos, dijo que era una fortuna que los niños vivieran lejos de sus padres, y yo creo que no es una fortuna─ apoyo mis brazos en la mesa─ Sé que no es una fortuna, nunca he sentido alivio ante el abandono de mis padres─ confieso.

Sólo Siente [#1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora