La gran subasta: Novios

130 10 5
                                        

He presentado a Belle ante todas las personas que yo considero importante que conozca. Han sido todos muy amables y respetuosos, y Belle, como siempre, encantadora. Creo que gracias a su encanto ha conseguido que la mayoría se comprometa a donar mensualmente. Digo que es su encanto, porque ella simplemente ha contado un poco la labor del hogar, y la gente de inmediato ha querido aportar.

Ha sido una bonita noche.

─¡David! Hasta que por fin te encuentro─ dice una mujer a mis espaldas.

─Señora Martin─ la saludo.

─Tú debes ser Belle─ le sonríe a la morena que está a mi lado─ Todo el mundo habla de ti─ besa ambas mejillas de Belle.

─Ella es Esmeralda Martin─ la presento─ Creadora de las mejores joyas de San Francisco─.

─Eso es lo menos importante, cariño─ sonríe la señora de melena negra─ Soy una benefactora muy antigua de este hogar. Me llevé una gran sorpresa al enterarme que David estaba organizando esto─.

─Debo decir que nunca hubiese hecho esto si no fuese por Belle─ la miro─ Me contagió su amor por los niños─ sonrío.

─Te contagió de amor en general─ alza sus cejas de manera sugerente─ La canción les salió de maravilla─ dice con entusiasmo─ Hace tiempo no veía un amor tan joven y sincero─.

─Oh, nosotros no...─ la morena intenta hablar, pero la interrumpo.

─Para que vea que aún existe el amor verdadero entre jóvenes─ sonrío. Mis dedos hacen círculos en la espalda baja de Belle.

─Si no fuese porque estoy segura de David es un muy buen joven, te presentaría a mi hijo─ da un pequeño apretón al brazo de Belle─ Va en la misma universidad que ustedes, de seguro lo conoces, su nombre es Edward Martin─.

─Oh, sí, ayudó a cambiarme de salón un día que mi hermana se retrasó─ responde la morena con amabilidad─ Es un chico muy respetuoso y simpático─.

Mi cuerpo entero se tensa. ¿Cuándo ocurrió eso y por qué yo no me enteré? ¿Qué es esto que estoy sintiendo?

─Un gusto conocerte, Belle, y gracias por todo lo que has hecho para que gente como yo pueda ser madre─ se despide de la morena─ David, cuida a esta chica, de lo contrario, le presentaré a mi hijo─ me advierte con una sonrisa en sus labios y se marcha.

─¿Su hijo era de este hogar? ─ me pregunta Belle con sorpresa.

─Sí─ respondo.

─¿A lo cuántos años lo adoptó? ─.

─De bebé─.

─¿Te ocurre algo? ─ se para frente a mí. Ya no hay contacto entre nosotros, lo que me hace sentir extraño.

─No, ¿por qué? ─ quiero acercarme a ella, pero en lugar de ello, me cruzo de brazos.

─Tu voz suena molesta─ entrelaza sus manos frente a ella. Se ve tan guapa y adorable. Ese estúpido vestido rojo que se apega a su cuerpo y que hace que se vea menos inocente de lo que es.

Suspiro.

─¿Por qué no me pediste ayuda cuando Violeta no estaba? ─ sin poder detenerme deslizo mi dedo índice por el largo de su brazo hasta tomar su mano.

─Porque tú no estabas de muy buen humor─ encoge sus hombros.

─¿Crees que puedas pedirme ayuda aun cuando yo esté muy enojado? ─ miro su mano; suave y pequeña.

─No me expondré a tus insultos─ ella también dirige su mirada hacia nuestras manos.

─Prometo ponerte a ti sobre mis instintos cavernícolas─ digo lo más sincero que puedo.

Sólo Siente [#1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora