Amor real

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Quisiera haber salido de la casa de las Miller sintiéndome diferente.

Pero pareciera que hubiese vuelto a beber alcohol. Me siento peor que cuando golpeé la dura puerta blanca esperando encontrarme con aquellos ojos chocolate que me robarían la tristeza.

Tenía la esperanza.

El camino es borroso y me cuesta controlar el manubrio de la moto.

Mi vida no ha sido fácil desde que decidí dejar a un lado mis sentimientos para sobrellevar mí día a día. Mi vida comenzó a tomar un rumbo complicado, pero que a mí me satisfacía.

Mis decisiones dañaron a mis padres, quienes no hicieron más que darme el amor que ellos creían que quería.

No el que realmente necesitaba.

Recuerdo que, de un día para otro, las actividades que hacíamos juntos como familia cesaron cuando mis padres comenzaron a pasar más tiempo en sus trabajos. Las tardes de juego, de cocinar, de ver películas, se vieron reemplazadas por objetos, tecnología, regalos costosos que recibía con entusiasmo, y que con el tiempo me hicieron sentir vacío, me hicieron ver y sentir que el amor se había esfumado. Incluso, que nunca había existido.

Aprendí que si yo había sobrevivido sin amor durante mi infancia y adolescencia, entonces podría seguir viviendo de esa forma.

Con ese pensamiento que gesté durante mi infancia, cuando me convertí en adolescente, mi filosofía de vida tenía que ver con el no sentir absolutamente nada al relacionarme, convirtiéndome en lo que hoy soy.

Hasta que Belle apareció, y algo de ese pensamiento comenzó a perder sentido.

Ella es capaz de derretir el glaciar más antiguo del universo. Ella me ha derretido.

Hoy siento que puedo volver a la época donde tenía diez años y me cuestionaba qué había pasado con el amor que mis padres profesaban por mí. Hizo que volviera a ser consciente que existe una puerta dentro de mí que he querido mantener cerrada con todos los sellos que puedan existir y que no soy capaz de abrir ni siquiera para demostrarle a la gente que sí existe porque me aterra lo que pudiese salir de allí.

Un bocinazo me saca del trance. Aprieto los frenos y no logro sostenerme de la moto.

Cierro los ojos al caer. Me quedo ahí, en el suelo. Sin moverme, ni respirar. Temo soltar el aire contenido en mis pulmones y que el dolor comience a inundar mi cuerpo.

Podría morir ahora y nadie lo sabría hasta mañana por la mañana.

Dejo ir el aire y mis costillas punzan. Abro mis ojos y lo primero que veo es el cielo. Intensamente azul oscuro con estrellas que iluminan la noche.

Conteniendo el dolor me pongo de pie. Camino hasta mi moto que se encuentra a unos metros de distancia.

¡Maldita sea, cómo duele!

Un gruñido se me escapa al levantar la moto y montarme en ella.

Retomo mi camino.

Siento una presión en mi pecho y garganta.

Abro la puerta de mi casa y entro.

No logro comprender cómo he llegado tan rápido.

Arrastrando los pies, avanzo en dirección a la escalera para subir a mi habitación y descansar. Necesito un descanso.

─Mi vida, ¿estás bien? ─ me detengo y la miro. Frunzo el ceño y siento cómo mi estómago se contrae─ ¡Dios! ¿Qué es lo que te ha sucedido? ¿Te has peleado con alguien? ¿Por qué lloras, cariño? ─ se acerca a paso rápido.

Sólo Siente [#1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora