Cada vez que entro a la cocina para ir en busca de algo que me solicitan los niños o los trabajadores del hogar, Bill entra tras de mí.
He chocado con él diez veces. Sí, las he contado, porque al principio creí que eran sólo casualidad hasta que se repitieron tres veces seguidas. En un par de ellas, casi derramé el chocolate caliente que llevaba en la bandeja.
Sumado a eso, comenzó a darme órdenes en cuanto vio que los señores Miller desaparecieron del hogar, ya que les faltaban algunas cosas del supermercado. No hubiese tenido problemas en hacerle caso, sino fuese por su petulancia al pedir las cosas, además de llamarme la atención cada vez que me acerqué a Isidora.
Todas las veces me contuve por los niños, porque quiero que tengan un día feliz, pero mi paciencia estaba llegando al límite.
Me escabullí en la cocina para tomar un respiro. Comencé a rebanar queque navideño. Necesito tener mi mente ocupada si no quiero formar un escándalo.
Acomodé cada trozo en una bandeja, de manera que se viera presentable. Cuando estaba poniendo el último trozo, mi peor pesadilla entró a la cocina.
─¿Qué haces? ─ dice en cuanto me ve.
─Lo que ves─ suspiro.
─Nadie te mandó a hacer eso─ gruñe─ Además, eso no se acomoda así─ sus manos tocan mi preciada obra de arte, para acomodarlos en otra bandeja.
Vuelvo a morderme la lengua para contener mi enojo.
Saco las galletas navideñas del horno, donde fueron guardadas para que el glaseado se secara y no ocuparan espacio en las mesas. Las saco una a una para ponerlas en distintos platos.
─No te ordené hacer eso─ me quita los platos con galletas y los deja sobre la mesa─ No sé por qué estás acá si es obvio que nunca has trabajado en esto y tampoco entiendo por qué Belle insiste en ser tu amiga, si se ve que eres un pu...─.
No lo dejo terminar. Me abalanzo sobre él, tomándolo de la camiseta.
─Cuidado con lo que vas a decir─ le advierto a centímetros de su rostro.
─¿O qué? ─ alza una ceja con burla─ ¿Me darás la razón de que eres un imbécil al igual que ese otro imbécil que lastimó a Belle? ─.
De la camiseta lo estampo contra la pared. Él me empuja, pero aun así no lo suelto.
─Si hablamos de imbéciles, creo que tú serías el primero en la lista, Bill─ Violeta está a mis espaldas.
Me alejo de Bill, de Violeta, de la cocina, del hogar. Me muevo de un lugar a otro, sintiéndome atrapado, aun cuando estoy en el exterior.
Necesito un maldito cigarrillo.
Reviso mis bolsillos, pero están vacíos. ¡Maldita sea!
Pateo con todas mis fuerzas el neumático de mi auto. La estúpida alarma comienza a sonar.
─¿Estás bien, cariño? ─ me giro. La madre de Belle me está mirando, con sus ojos llenos de compasión.
Siento mi corazón agrietarse.
No entiendo cómo una simple mirada puede causar tantas cosas en una persona. Ojalá en este mundo hubiera más gente como Amelie, capaz de entregar miradas compasivas que prometen prontas soluciones a los problemas.
Sería todo tan distinto.
─Estaré bien─ apoyo mis brazos en el techo del auto y escondo mi rostro entre ellos. Unas manos recorren mi espalda. La tensión en mi cuerpo disminuye al instante.
─Podrías estarlo ahora si hablaras sobre lo que te sucede─.
La miro. Sus ojos son tan cálidos.
─Me peleé con Bill─ digo sin más. Ella asiente, como si se lo hubiese esperado. Siento una ligera punzada de decepción. Todos esperan lo peor de mí.
─Bill cree que sólo él cumple las condiciones para ser amigo de Belle y que, por lo tanto, nadie más puede serlo─ acaricia mi mejilla y luego sonríe─ Pero no te preocupes, porque Belle, si pudiera, sería amiga de todo el mundo, así que alcanza para ambos─ guiña.
─Es realmente insoportable ese sujeto─ digo con asco.
─En algún momento, Violeta me dijo lo mismo de ti─ entrelaza su brazo con el mío.
─¿Tengo una viga en el ojo, verdad? ─ mi voz suena avergonzada. Ella ríe.
─No, David─ da pequeñas palmaditas en mi antebrazo─ Porque tú si sabes que en ocasiones te vuelves insoportable, él no─ en cuanto ponemos un pie dentro ella se va hacia la cocina.
La sigo.
─Es un imbécil, papá─ refunfuña Violeta─ Estuvo molestando a David todo el tiempo que ustedes no estuvieron─.
─¿Es eso cierto? ─ me pregunta el señor Miller. Violeta me mira expectante, esperando que cuente cada detalle de mi altercado.
─Señor, mire, yo no soy de andar acusando y no he venido acá para pelearme ni mucho menos, he venido a servirle a los niños, así que no se preocupe por mí. Además, para ser sólo un ayudante, me tomé demasiadas atribuciones─ me encojo de hombros.
─¿Esas atribuciones eran para servir a los niños? ─ alza una ceja. Yo asiento─ Entonces no has cometido ningún error, David. Si Bill vuelve a molestarte, dímelo de inmediato─ concluye.
Tanto él como yo continuamos con nuestras labores.
Como Bill no está, vuelvo a acomodar el queque navideño en una de las bandejas, formando un pino.
De pronto, Violeta se pone de pie frente a mí con los brazos cruzados. Alzo mi mirada y ella me está mirando fijamente.
─¿Necesitas algo? ─ digo sin dejar de acomodar los trozos de queque.
─¿Por qué no le dijiste a mi papá que Bill es un cretino? ─ toma el trozo de queque que recién acomodé y comienza a comérselo.
─Porque no quiero peleas, Violeta─ suspiro cansado.
─No entiendo cómo puedes vivir guardándote todo lo que sientes o piensas sólo para evitar un pleito─.
─Te acostumbras─ encojo mis hombros.
─Un día de estos, todo eso que has guardado, tendrás que enfrentarlo─ sus ojos azules están en mí, recorriendo mi rostro.
─Bueno, pero no será hoy─.
─¡Tienes que decirle a mi padre! ─ exclama─ No puedes dejar que Bill se salga con la suya─.
─Violeta, déjalo así─ suspiro. Estoy empezando a perder la paciencia.
─¿Cómo quieres que lo deje así si ese sujeto se comportó como un idiota contigo? ─.
─No soy muy diferente a él─ hago una mueca─ Creo que me lo tenía merecido─.
─¡No! ─ alza la voz─ ¡Dios, David! Voy a ir donde mi padre y le diré que tú quieres hablar con él y le contarás lo que sucedió─ dice advirtiéndome.
─¡No Violeta, no lo haré! ─ la miro con furia─ Ahora déjame en paz─.
─¡Agh! ─ golpea el piso con su pie─ ¡Eres insoportable! ─ pasa por mi lado para salir de la cocina. Pero sus pasos son detenidos abruptamente.
─Violeta, necesito tu ayuda─ habla mi amigo en cuanto ve a la rubia. Ella sin decir nada sale de la cocina y Matt la sigue.
Suspiro. Un día de estos, todo eso que has guardado, tendrás que enfrentarlo. Uf, creo que no lo lograría. Han sido años de guardar y guardar cosas. Me acostumbré a no hablar con nadie lo que me sucede, porque cuando lo hice, cuando hablé para que alguien me ayudara, ese alguien no hizo más que hundirme y hacerme dar cuenta de lo miserable que era. Guardar silencio se volvió mi mejor opción. Y por eso es que huyo o lastimo a quienes quieren mantenerse cerca, porque la cercanía genera confianza, y la confianza te hace querer saber más y más y finalmente, te destruye.
Y yo no estoy dispuesto a saciar ese más ni a seguir siendo destruido.
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Sólo Siente [#1]
Teen FictionReprimir lo que sientes para sobrellevar el mundo puede convertirse en un martirio si te enfrentas a algodón de azúcar y chocolate caliente, porque te obliga a experimentar las mil y una sensaciones que puede producir, incluso, puede contactarte con...
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