Mesa compartida

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El fin de semana con mi mejor amigo fue sensacional.

Desde el viernes por la noche, hasta el domingo por la noche no paramos de divertirnos y disfrutar de lo sencillo de la vida. No llegué a mi casa hasta anoche, cuando mis padres dormían. Hace mucho tiempo que no dedicaba un fin de semana al desenfreno. Se siente jodidamente bien.

Pero hoy es lunes. Y la realidad me aplasta junto con el dolor de cabeza y el sueño que hoy tengo.

Cómo me hubiese encantado faltar, pero compromisos son compromisos. Le dije al profesor Anderson que no faltaría a ninguna clase. Además, quiero demostrarle al director lo responsable que soy. Por lo tanto, he decidido llegar diez minutos antes a pesar de mi trasnoche.

Me siento orgulloso, cansado, pero orgulloso.

─Hola guapo─ besa mi mejilla. Doy un pequeño salto en mi lugar.

─¡Ey! ─ limpio el lugar que fue besado─ Contrólate, qué van a pensar mis admiradoras─ le reprocho.

─Vamos cariño, sé que te encanta─ pestañea rápidamente a modo de coqueteo.

─Eres insoportable, Matthew─ golpeo su cabeza.

─Pero aun así me amas─ me guiña un ojo.

Es por esto que necesitábamos salir con Matt, para volver a ser los de antes. Volver a ser esos amigos que se lo cuentan todo y que bromean sin enojarse.

─Idiota─ golpeo su brazo. Él no dice nada, se queda como petrificado en su lugar.

─Vienen las chicas─ dice en un susurro.

─Ignóralas─ me encojo de hombros.

─David, no puedo─ alborota su cabello.

─Entremos─ paso mi brazo por sus hombros y lo arrastro al interior de la universidad.

─No entiendo cómo puedes comportarte tan indiferente─ dice una vez que lo suelto.

─Lo sabes Matt─ suspiro. Él asiente.

─Sí, lo siento─ pone una mano en su cuello, exhausto. No digo nada, sólo nos acomodamos en nuestro puesto habitual al interior de la sala de clases.

Las horas transcurren lento. Más lento que los pasos de una tortuga. Es horrible. Un martirio. Necesito mi cama. Necesito dormir. Necesito que mi cabeza deje de dar vueltas y saltos de un pensamiento a otro. De pronto aparecen imágenes de algodón de azúcar rosado, chocolate caliente, polcas azules, rizos rubios, alcohol, cigarrillos y nuevamente una taza de chocolate caliente. Esto es frustrante.

El chillido de un ratón se oye en los pasillos anunciando la salida para el almuerzo, y no, no es un ratón, es el timbre que emite un sonido infernal capaz de dejar sordo a los mismos sordos.

─Aunque detesto ese sonido, estaba deseando que sonara─ suspira Matt con alivio.

─Yo igual, hermano─ concuerdo. Nos ponemos de pie y vamos directo al comedor a hacer la fila para conseguir nuestra comida misteriosa. Hoy es un engrudo rojizo con pedazos de una extraña especie-creo-animal. Un postre de gelatina con frutas que parece comestible y una cajita de jugo sabor manzana. Bien, creo que podré sobrevivir con el postre y el jugo el resto del día.

─Esto se ve espantoso─ dice Matt.

─Pero quizás no lo esté─ comenta una chica que no nombraré. No lo merece.

─Los asientos están ocupados─ digo sin un atisbo de duda.

─Pero siempre nos sentamos acá─ comenta la rubia.

Sólo Siente [#1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora