3. Regresar el tiempo.

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P.

Miré su rostro, la primera impresión me asustó un poco. La primera foto es la que tomó Valentina por accidente, fue la última que edité y revelé. Luego una sonrisa apareció en sus labios.

–Es preciosa...- murmuró mirando aún la foto y tocando su sonrisa plasmada en la fotografía. –Es como sí...

–La felicidad quedara atrapada aquí.- Vale interrumpió su silencio.

Daniela me miró con una pequeña sonrisa. –Papá tenía razón, eres la mejor fotógrafa de todas.

Sonreí un poco. –No creo que a los profesionales de tu padre les agrade esto.

–Pero mira las demás, por favor.- dijo Valentina haciendo que Daniela y yo dejaramos de vernos. Fueron unos segundos.

Luego, comenzó a mirar las fotos; pero venía lo mejor. Los vídeos que Valentina hacia como un detrás de cámaras, ese estaba en mi computador pues no había tenido tiempo de comprar una memoria USB para entregársela. Ese era algo extra, con un cobro extra.

Miró las fotos, ante la atenta mirada de mi hermana y mía; esperábamos su reacción y fue al final. Cuando estaba de lado tocando con ambas manos su abultado vientre, se miraba en el espejo más grande de la habitación, pero sus ojos se miraban tristes, serios.

Valentina se asustó de su reacción, así que corrió a la cocina por un vaso de agua, yo me quedé helada pensando en que hacer; así que decidí invadir su espacio personal para poder regalarle un abrazo, yo los odiaba, pero sabía que a veces los abrazos ayudaban a sanar corazones lastimados.
Y parece que le venía bien, pues rodeó con sus delgados brazos mi cuerpo.

Las fotografías cayeron sobre el piso alfombrado, comencé a acariciar su cabello mientras su cuerpo se sacudía debido a su llanto.

Miré a Valentina por el rabillo del ojo, tenía en vaso en la mano, pero se quedó del otro lado de la barra.
Su móvil comenzó a sonar desde la habitación así que hizo una seña de que nos dejaría a solas.

No sé exactamente cuánto tiempo pasó, pero todos esos minutos la pasé acariciando su cabello y ella se aferraba a mi cuerpo. Hasta que sentí un pequeño y suave golpe en mi vientre, venía del suyo. Sonreí instintivamente mientras me separaba.

Sus ojos estaban cerrados y su maquillaje hecho un desastre.
No pregunté nada, no sabía si ella quería hablarlo; así que sólo me limité a limpiar sus mejillas y ojos mientras ella me miraba con tristeza.

Luego de un silencio de casi una hora, donde yo miraba mi móvil y pasaba mis dedos por él, sin hacer nada específico. Decidí hablar:

–¿Quieres hablarlo?- sí, la pregunta se escapó de mis labios. –Digo, sé que apenas nos conocemos, pero si quieres hablarlo está bien, puedes confiar en mí.

La miré y luego desvíe mi mirada hacia el corto pasillo que daba a la habitación, Valentina había cerrado la puerta, pero aún así se escuchaba su voz.

–No quiero abrumarte con mis problemas.- dijo disculpándose mientras tomaba el resto del agua que había en el primer vaso.

–No lo haces, si lo hicieras, nunca hubiese preguntado.- dije tomando su mano, que descansaba en mi muslo.

–Es solo qué, hay tanta tristeza en la fotografía que me hace pensar en lo estúpida que fui...- ahora había coraje en sus palabras. –Yo no me merecía esto, ¿sabes?- me quedé en silencio, esperando a que siguiera. –Yo sólo salí a divertirme con mis amigas, sólo quería divertirme, ni siquiera estaba pensando en acostarme con alguien. Yo amaba a mi novio, pero ni siquiera tengo la certeza de que sea de él, pues él estaba fuera de la ciudad cuando, supuestamente, se concibió esto.- dijo señalando su vientre.

ELSKER DEG; cachéHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora