Narrador Omnisciente.
Valentina, Daniela y María José cargando a Emma, caminaron al edificio de Juli, donde verían el nuevo departamento, esta vez vacío.
Habían hecho unos cambios en él debido al mantenimiento, así que necesitaba asegurarse entre ese departamento u otro que se encontraba al sur de la ciudad.
–¡Un segundo!- se escuchó desde el otro lado de la puerta. La mamá de Juli se mostró con una sonrisa segundos después. –¿Y esta preciosa?- dijo mirando a la pequeña que descansaba en los brazos de Poché. La mujer tomó a la pequeña en brazos antes de hacerlas pasar. –El arrendatario te espera en el departamento, hablé con él respecto a los pagos, dice que puedes dar la mitad y el resto quedaría dividido entre los pagos mensuales.
María José sonrió aunque en su mente todo era un caos debido a las noticias de esa misma tarde. El domingo no iba como lo pensó, mucho menos en la mañana, cuando recibió un mensaje de parte de su jefa: la cafetería sería vendida a otra persona, así que no sabía con exactitud si dejarían a los mismos trabajadores, aunque Laura y Nela habían renunciado luego de ese mensaje.
Pero Poché sabía que no se debía rendir tan fácil.
–Daniela, ¿me acompañas?- pidió Poché, su hermana había ido a la habitación de Juli llevándose a Emma.
–Chicas, las alcanzo en un momento. Debo atender unas llamadas.- dijo la madre de Juli antes de llevarse el móvil a la oreja y caminar hasta la cocina.
–Parece que sólo seremos nosotras dos.- sonrió Daniela antes de abrir la puerta del departamento para caminar hasta el elevador.
Poché caminó detrás de ella hasta el par de elevadores que había, estaba emocionada pero existía algo que no dejaba que su emoción saliera a flote; no sabía si era el hecho que Daniela estuviera acompañándola o que Daniela supiera lo de su condición de salud.
Pero al parecer eso no incomodaba a Daniela, quien miraba a María José por el reflejo del elevador.
A Daniela no la conocían por ser atrevida, aún así decidió tomar sus agallas para lo siguiente que ocurrió.
Probablemente si miraran el vídeo de vigilancia dentro del elevador, se darían cuenta de lo dulce e inocente de aquél gesto. Pero los corazones de las chicas dentro de este exploraron en miles de sensaciones.
Daniela, aún con su vista al frente, bajó su mano hasta uno de sus costados; los nervios se notaban en el ligero temblor de sus manos y en el sudor que éstas tenían. Eran dos pisos los que dividían del lugar donde provenían, pero el momento pasó tan lento entre ambas que parecía como si subieran cien pisos más.
Ambas manos se unieron cuando Poché miró a través del reflejo lo que Daniela intentaba hacer, fue un agarre inocente pero inquebrantable; ambas sintieron una corriente eléctrica recorrer desde la punta de sus dedos hasta los pies.
–Estoy bien...- susurró María José casi inaudible, como si hablar más alto rompiera aquella burbuja.
–Me tienes aquí, ¿sabías?- dijo en el mismo tono la chica más joven.
Pero el elevador no dio tiempo de responder, sus puertas se separaron al igual que el agarre de manos.
Un hombre robusto y moreno las esperaba en la puerta del departamento marcado con el número 18. En ese piso sólo había dos puertas, por lo que suponía se debía al tamaño de los departamento.
–Señorita Garzón, es un gusto que haya venido.- saludó el hombre extendiendo su mano, María José la aceptó y posteriormente Daniela. –Bien, pasémos para que vea el lugar.- abrió la puerta dejándo que las jóvenes entraran.
Era verdad, el lugar era más grande cuando no tenía ningún mueble.
–Esta es la sala de estar.- dijo apenas entramos, era grande a comparación con la sala de estar del departamento de María José. –La cocina ya está integrada, como das cuenta, hemos pintado las paredes blancas para que te sea más fácil la decoración.
