Narra Poché.
Si bien era cierto, el tiempo era incierto. Pasaba cada vez más rápido mientras yo era feliz. ¿El recuento de los últimos meses? Daniela regresó al apartamento tres meses después, el quince de octubre, Sof y Lu se mudaron al suyo. Yo me preparaba para mis nuevas clases de noruego, eran clases por fuera de la universidad, así que éstas las tomaba todas las noches durante dos horas.
Además había encontrado una plataforma donde podía hablar con personas de todo el mundo que buscaban aprender otros idiomas.
Hasta ahora sólo dominaba casi al 100% el ingles, francés y portugués; estaba en proceso de aprender el Latín, italiano, ruso y alemán.
Me había vuelto una adicta a los idiomas.
Valentina estaba bien en California, por el momento no había suspendido ninguna clase y ella estaba encantada con la carrera que había elegido.
Ahora, nuevamente estábamos en abril, a tan sólo semanas de acabar el semestre. Era mi tercer año, aunque prácticamente sólo me faltaba un semestre debido a que había adelantado clases durante los primeros dos veranos. Estaba contenta con lo que había logrado académicamente.
Mis cachorros ya no eran unos cachorros, y había mantenido a los tres conmigo, así que estaban acostumbrados a la presencia de chicas en el apartamento.
Daniela había comenzado a incursionar en YouTube haciendo vídeos sobre su día a día; en la universidad le iba genial y con Emma cada día nos sorprendíamos más.
Yo habia comenzado a hacer las practicas profesionales que me pedían para graduarme en el hotel que siempre había querido, aunque sólo podía cubrir cuatro horas diarias debido a que había más chicos haciendo el mismo proceso que yo.
Había vuelto a trabajar con Germán, esta vez sólo los miércoles y domingos. También había conseguido un pequeño trabajo extra con una amiga de Kim.
La niñera de Emma era una chica dos años menor que yo, era linda y educada, definitivamente se había ganado mi cariño, el de Daniela, Emma y hasta los canes.
Había hecho los cambios en el apartamento, mismos que Lucía me había ayudado a diseñar...
–¿Escribiendo?- Daniela susurró en mi oído.
–Mi psicólogo me pidió escribir lo que ha ocurrido en los últimos meses.- Sonreí, mi cabeza se había girado un poco para mirarla.
Estaba feliz por el rumbo que había tomado mi vida, definitivamente era muy diferente a lo que yo planteaba hace 2 años atrás, pero esa gran diferencia que existía entre lo planeado y lo que vivía ahora era extremadamente linda. Tenía a dos chicas que me hacían compañía en el apartamento, tres perros que estaban a punto de volverme loca, tres trabajos que me ayudaban a mantenernos, el apoyo de mis amigos y la seguridad de que mis sueños se harían realidad.
–¿Quieres almorzar? Diana ha hecho el almuerzo para Emma y para nosotras.- Daniela apenas había llegado de su trabajo yo estaba lista para irme.
Diana era la niñera de Emma, era una persona preciosa y responsable. Se encontraba estudiando educación infantil y para sustentar sus estudios había optado por comenzar a trabajar como niñera.
–Claro, tengo media hora para almorzar y luego ir con tu padre.- dejé el cuaderno en una esquina de mi escritorio y me levanté.
Definitivamente habían sido meses con altibajos, como todo tipo de relación; pero habíamos aprendido una cosa importantísima: la confianza y el respeto lo es todo.
El apoyo mutuo era importante para que ambas creciéramos como nuestras posibilidades nos lo permitían; estaba segura de que llegaríamos lejos, en caso de un existir un 'nosotras' para el futuro, estaba segura que cada una triunfaría en lo que deseara.
–¡Esta es la última!- avisé a la pelinegra que estaba posando frente a la cámara.
–¡María José!- Germán llamó desde la distancia mientras hacía un movimiento con su mano.
Saqué las últimas fotos y sonreí a la modelo, me acerqué para chocar sus manos con las mías y luego me despedí de ella, caminé hasta Germán observando de forma rápida las fotos del día de hoy, o por lo menos las primeras diez.
–¿Qué pasó?- dije apenas llegue a su lado, como siempre, decidió callar y apuntar su oficina.
Le seguí de cerca, esta vez mirando mi móvil, Daniela ya no estaba en casa, así que Diana había subido un vídeo a WhatsApp intentando hacer que los perros la obedecieran, sonreí mientras reproducía aquél vídeo de quince segundos, otra vez.
–Ahora sí- Germán dijo cerrando la puerta detrás de él. –Ha llegado una nueva oferta de trabajo pero... Esta vez es sólo para ti.- al escuchar aquello, me sorprendí bastante.
–¿Para mí?
–Sí.- él asintió. –Es en Miami, un cumpleaños.- Poché aún más confundida miró a Germán. –Bueno, eso y también un trabajo para una televisora.
–No.- sólo dije mientras volvía a levantarme, estaba lista para irme. –En primer lugar, no creo que trabajar en una televisora sea mi sueño; en segunda, tengo un trabajo base en la ciudad y... No pienso dejar a su hija sola, otra vez.- no esperé una respuesta, definitivamente Germá estaba loco si creía que yo aceptaría ese trabajo.
Subí al auto y luego comencé con mis respiraciones contadas; lo único difícil en estos nueve meses era el hecho de que mi enfermedad al parecer estaba avanzando rápidamente, y aunque el tiempo establecido, para que la enfermedad degenerara mi cerebro, era de 15 años, al parecer yo era la excepción.
Veinticinco... Veintiséis... Veintisiete... Veintiocho... Veintinueve... Sonreí cuando pude controlar mi respiración, aún estaba en el estacionamiento; tomé la botella de agua y las cuatro pastillas que tenía que tomar.
–¡Señorita Garzón!, el doctor Rosas lo espera en su consultorio.- la enfermera me señaló el camino que ya conocía.
–Gracias, Flor.- dije sonriendo y comenzando mi camino.
Veinte minutos después, de una charla donde yo decía todo lo que sentía, lo que decía el medico y las nuevas dificultades con la enfermedad; se llegó a la conclusión que necesitaba nuevos estudios.
La pared rosada de la habitación me causaba paz, Daniela se encontraba acostando a Emma en su cama y los perros me rodeaban; Magnus en mis piernas, Nessa en mi vientre de lado derecho y Ramón se tenía su cabeza en mi pecho.
La puerta de la habitación se abrió, mostrando a una Daniela cansada.
Gracias al cielo mañana era domingo y teníamos el día para nosotras tres.
Nessa hizo un espacio en la cama para que Daniela se acomodara a mi lado. Dejé que mi vista viajara por la habitación hasta llegar a Daniela.
–Tu sais? Je suis reconnaissant pour tout ça...- comencé a decir en francés, sabía que no me entendería y yo tenía miedo de decir aquello frente a ella.
–En español...- sonrió mientras se acomodaba de lado para mirarme.
Negué con una sonrisa cuando su mano acunó mi mejilla. –J'ai toujours rêvé d'une famille et tu me l'as donnée sans m'en rendre compte et maintenant qu'il semble que je commence à tout perdre ... j'ai peur
–¿Por qué siento que te despides?- dijo ella preocupada.
–Afuera...- ordené a los perros y éstos obedecieron.
Cuando estuvimos solas copie su posición para verla, mis ojos estudiaron su rostro, sus clavículas y sus brazos.
–No es una despedida.- mentí a medias. –Es sólo una forma de agradecerte por estar aquí... Conmigo.
Debo admitir que no soy buena para el francés, así que si alguien sabe del idioma puede corregirme abiertamente.
Espero que les haya gustado y... Lo hayan disfrutado.
