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Las pesadillas y malos sueños eran algo recurrente para Niall. Podía decir que a lo largo de sus cortos quince años de vida, ya se había acostumbrado a ellos. No recuerda cuando comenzaron, tampoco sabe cuándo terminarán, solo sabe que siempre se tratan de lo mismo.

Sin embargo, este fue un cambio de escenario. Se levantó completamente sudoroso, con la camiseta del pijama pegándosele al torso, y su flequillo completamente empapado. Podía sentir su cuerpo caliente y un cosquilleo en su estómago.

Sus ojos se abrieron de repente, saliendo de la cama de un salto. Harry pudo escuchar desde donde dormía, el revuelo.

Niall estaba corriendo al baño y encerrándose con llave.

Se aclaró la garganta y se restregó los ojos, dándose cuenta de que eran apenas las tres de la mañana. Decidió levantarse también, arrastrando los pies hacia el baño.

La luz se colaba por el resquicio inferior, y cuando Harry intentó abrir la puerta, se encontró con la sorpresa de que estaba cerrada. Tocó ligeramente, pero no recibió respuesta.

—Niall, ¿estás bien? Saliste corriendo de la nada. ¿Pasó algo?

—Nada —le dijo, pero por la manera en la que su voz temblaba, Harry no lo creyó ni por un segundo. —Estoy bien, vete.

—Ni...

—Te dije que estoy bien, lárgate.

Harry respingo, intentando no demostrar lo hirientes que encontró las palabras de Niall y lo cortante de su tono. Se repitió que probablemente no era nada personal.

—Está bien, pero si me necesitas para algo, estaré en mi cama.

Esperó un segundo por una respuesta a las puertas del baño, pero nada le llegó. Regresó a la cama, abrigándose entre las mantas, pero por más cómodo que intentase hacerse, no podía regresar a dormir.

La luz del baño continuaba encendida y ni el más mínimo sonido provenía de este. Estaba volviéndolo loco.

Eventualmente Niall salió del baño casi media hora después, con los movimientos robóticos y la cara tensa, podía observar cómo se metía a su propia cama, silencioso e incómodo. Harry entonces tomó la decisión de ir junto a él.

Caminó cautelosamente hacia Niall y se arropó junto a él, pensando que tal vez necesitaría un abrazo. Quizá, estaba nervioso por el tema de la obra, pero cuando rodeo su cintura con su brazo, como ya lo había hecho cientos de veces antes, Niall respingó.

Tomó la mano de Harry y la arrojó lejos, haciéndose pequeño en su lugar. Harry se apoyó sobre su codo para mirarlo mejor, con el ceño fruncido, cuestionándolo con la mirada.

—¿Estás seguro de que todo está bien? —insistió, con la ligera esperanza de que Niall le contaría que estaba pasando.

—Solo... —masculló el otro, entre dientes—no me toques.

Harry sintió como su corazón era estrujado en su pecho. Sus ojos, al igual que su garganta comenzaron a arder. Entonces, se levantó de la cama.

—Lo entiendo, lo lamento —dijo bajito, esperando a que Niall lo detuviera o se retractara, pero Niall solo le echó una mirada sobre su hombro, y regresó a darle la espalda, acomodándose en su cama con el cuerpo hecho ovillo.

• • •

—Ah, aquí me entregaré a la eternidad y me sacudiré de esta carne fatigada el yugo de estrellas adversas. ¡Ojos, mirad por última vez! ¡Brazos, dad vuestro último abrazo! Y labios, puertas del aliento, ¡sellad con un beso un trato perpetuo con la ávida Muerte!

foster; nsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora