Capítulo 13:

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Mini maratón 1/2

Dante Vivaldi.

La enorme lámpara moderna que ilumina toda la estancia, junto a algunas cortinas que recubren el cristal polarizado me ofrece una buena imagen de todo el centro se han convertido en mi acompañante en esta enorme oficina central. El grisáceo junto al azul marino hacen tonalidades armoniosas que alegran mi vista, al menos de una forma más que apedrea.

Libero un estrepitoso suspiro mientras deslizo una de mis manos por mis hebras castañas, eliminando algunos nudos que se crean en mi cabello. Muerdo mi labio inferior con la rara sensación que se apiada de mí cuando recuerdo los labios rojos de la rubia, sus ojos verdes con motas azules, su largo cabello rubio, y esa esbelta figura que solo deseo hacer estremecer.

Desligo mis pensamientos a esa rubia que solo adormece un poco más mis sentidos con las malignas ideas que pasan por mi cabeza centrándome en las nuevas citas que tengo pendientes para esta casi última semana.

Aún el frío no abandona este mes, y estoy más que seguro de que cada vez se torna más helado con la capa de nieve que recubre la mayoría de los establecimientos del exterior.

Maldigo al molesto dolor de cabeza que se apiada de mí extendiendo mi mano libre agarrando mi vaso de brandy para en el momento que reviso las cuentas anuales del centro darle un buen trago.

Abro mis ojos  soportando el escozor de la bebida poniendo toda mi atención en los documentos contables que continúan en mis manos.

Realizo algunos cálculos, compruebo tickets, firmo permisos dejando que el tiempo se me vaya en un santiamén.

Mi cabeza duele.

Se siente como si me estuvieran propinando fuertes martillazos en ella con la incómoda sensación causada por los intensos reclamos de mi progenitor que para empeorar decidió hacer acto de aparición antes de lo previsto.

Inhalo, exhalo tomando fuerza para no querer agarrarlo por el pescuezo divisando como se mueve de un lado para otro con expresión neutral y déspota lanzándole millones de improperios a alguien a través de su teléfono... Podría al menos sentir un poco de empatía por quién se encuentra al otro lado de la línea soportando los reclamos de aquel hombre mayor con personalidad desquiciante.

«Odio tenerlo aquí»

Recuerdo lo mucho que sabía criticarme cada cosa que llevaba a cabo cuando comencé en la empresa de nuestra familia.

Era un verdadero martirio tenerlo todo el rato comiéndome el coco con cualquier pequeño detalle que para mí no era importante, él lo usaba como excusa para gritarme y demostrar lo superior que siempre se ha sentido.

Já, el día que le di la noticia de que me retiraría de la presidencia para comenzar mi nueva empresa su rostro era todo un poema incluso fue el que menos me apoyo demostrando lo bien que le queda el papel de padre —siéntase el sarcasmo—. Mi expresión era impoluta en aquel momento, y aún me mantengo así cuando mis ojos se cruzan con los suyos.

Nuestro parecido es desorbitante.

Sostengo que de alguna extraña manera no sabes sí somos hermanos o padre e hijo... Es mi peor maldición.

Elevo la mirada pellizcando el puente de mi nariz consciente de que no tengo que verlo la mayor parte del tiempo gracias a que solo estará jodiendo a su nueva amante, Renata Cipoletti; una bella italiana bastante joven que logro «Cautivar el corazón de mi creador»...

«¡Que gilipollez!»

Ella cree todo lo que el osa decirle... El solo trata de que ella siga imaginando tal cosa cuando no tiene ni idea de lo mujeriego que se ha encontrado. Aunque conociendo el pasado de esa joven posiblemente y solo piense en hacerse con todo el dinero de mi padre... Sería capaz de aliarme con ella solo para joderlo.

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