Dante Vivaldi.
Mis músculos pesan de tal manera que me es imposible removerme... En realidad, me doy cuenta de que es lo que menos quiero hacer cuando el calor de otro cuerpo diminuto se impregna en mis crudos poros.
La tensión de mis hombros se intensifica al reconocer finalmente el hecho de que estoy durmiendo con una mujer... ¿¡Que cárabos!?
Abro los ojos desconcertado, perdido y sin tener una mínima idea de porque me encuentro en otra habitación que no es la mía con un incontenible dolor de cabeza que me asfixia los pulmones sumándosele a la interminable falta de aire que se apodera de mi al hiperventilar al...
—¿Pía?
Delineó suavemente su rostro grabando sus pecas, pómulos pronunciados con ese tono rosa llamativo y el rubor de sus labios en mis retinas como un jodido recordatorio de que jamás será mía... Un ángel nunca estaría destinado a coexistir con un demonio sabiendo las demasiadas pesadillas que podría causarle. Aún así, soy tan masoquista que mis manos se mueven por inercia sobre su rostro tocando, sintiendo y bebiendo cada partícula de ella.
Nunca me dejaría ver débil ante sus ojos sabiendo lo peligroso que eso sería... No solo para ella, también para mi.
La observo por un buen periodo de tiempo sonriendo como un estupido por la manera que sus largos cabellos rubios se desparraman por todo su rostro.
«Eres demasiada luz para tan siniestra oscuridad»
Apoyo mis labios en su coronilla en un toque suave, comprometido y fugaz que se termina convirtiendo en un gesto demasiado íntimo como para ser destruido en una habitación de hotel... Quitando el hecho de que es cinco estrellas.
Compongo mi cabeza en la almohada con mis brazos rodeando la cintura de la rubia mientras sus manos sienten sin ningún permiso los latidos de mi corazón.
La camisa se ajusta a mis músculos molestándome un poco más de lo que debería causando que con un leve movimiento no muy recomendado... ¡Maldición!
—Buenos días.
El suave tono adormilado de la rubia se mezcla con las suaves vestidas de aire que circulan hacia el interior por el balcón del cuarto causando más incomodidad en... ¿Ahora como se lo digo? ¡Mierda!
—¿Dormiste bien barbie? Creo que escucho algunos de tus ronquidos a media noche.
Trato de desviar el tema de una manera que ella ni siquiera lo nota a pesar de empeorar la situación con la media sonrisa que se crea en sus labios por mis palabras.
—No lo creo, en cualquier caso tú eres quien ronca.
Se acomoda mejor sin razón aparente deteniendo sus orbes en los míos de una manera poco usual en la rubia, casi como si solo estuviera apartando el odio que dice no sentir hacia mi a un lado dejando algo más que no logro descifrar por la extraña mezcla que se crea en ellos.
—¿Que pasa? ¿Acaso las princesas no roncan o se babean?
Veo el destello... ¡Mierda!
—¿Me ha llamado princesa, señor Vivaldi?
Sus ojos se iluminan con mis palabras en el mismo instante en que la broma se destila por sus labios seguido de manera sutil liberando finalmente a cierto personaje de su prisión para introducir una de sus manos por debajo de mi camisa.
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Perfect Doom
RomanceDicen que el amor puede cambiarlo todo, pero ¿qué pasa cuando ni siquiera crees en él? Dante Vivaldi no cree en promesas, y Pia no tiene tiempo para cuentos de hadas. Sin embargo, cuando sus mundos chocan, descubren que el dolor y la esperanza no s...
