Capítulo 61:

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Me acomodo, dudoso, la corbata del traje mientras observo mi reflejo, enumerando cada uno de los pequeños rasgos que se resaltan junto a la llamativa barba que adorna mi rostro, destacando algunas de mis facciones.

—Sé que ya lo sabes, pero...

Detiene su caminar a solo unos pasos de mí, con una inmensa sonrisa adornando sus labios.

—¡Wow! Te ves...

—No estoy de ánimos y lo sabes.

Gruño agotado, echándole pequeñas ojeadas al barullo de personas que se me acercan esperando recibir alguna respuesta positiva de mi parte o lo que creo sería un saludo menos frívolo, sin saber que un simple asentimiento de cabeza es lo máximo que recibirán de mí en estos momentos.

—Deja de ser tan aguafiestas.

Estos eventos me agotan. Ni siquiera tengo las energías suficientes para ir; aun así, la voz molesta de mi acompañante se repite constantemente en mi cabeza como una grabación que tapona mis oídos.

—¿Aguafiestas yo? —medio sonríe—. Sabes que preferiría estar en un bar a uno de estos eventos pijos.

—Si mal no recuerdo, formas parte de los pijos.

Abro la boca ahogando un quejido.

—¿Yo? ¿Un pijo de estos?

Asiente sujetando una copa de champán y ganándose una pésima mirada de mi parte.

—¿Qué? Te recuerdo que eres tú quien no puede tomar.

Le lanzo una mala mirada, intentando sacarme de su agarre.

—Prometiste que me harías compañía y no beberías.

Ignora mis palabras dándole un sorbo.

—Mejor voy a por una botella de agua. Me estoy deshidratando.

Intento soltarme por segunda vez, pero ella intensifica el agarre.

—Ni creas que te voy a soltar, capaz y terminas cogiendo con alguna de las tontas de la fiesta.

Sonrío, más que confiado de que, por mucho que una parte de mí ya haya ojeado a una castaña de ojos verdes con un vestido que sería muy fácil de apartar para ejecutar mi faena, la otra parte cuerda solo me trae el rostro de cierta rubia a la mente.

—Créeme que si quisiera soltarme, ya lo hubiera hecho.

Reconoce la verdad en mis palabras con una sonrisa, forzando que, por puro instinto, bese su coronilla, demostrando lo mucho que la quiero y protegeré siempre.

—Vamos a buscarte una botella de agua.

La abrazo fuerte, sintiendo el sudor apoderándose de la palma de mis manos, seguido del agobio que me provoca la corbata. No tardo en desabrocharme los dos primeros botones de la camisa del traje, percibiendo una buena cantidad de miradas que me hacen sonreír.

—Nunca te había querido tanto.

Lanza una colleja que esquivo, mientras diviso a lo lejos un cuerpo delgado bien envuelto en un perfecto vestido, junto a un cabello rubio que capta toda mi atención.

«No puede ser.»

Respiro profundamente, cerrando los ojos con la esperanza de que sea quien creo que es, pero cuando los vuelvo a abrir ya no hay nadie.

«Hasta visiones estoy teniendo... ¡Carajo!»

—Una botella es lo que necesito.

Me detiene a medio camino, frunciendo el ceño y haciendo una mueca bastante espantosa que adorna sus labios.

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