Maratón 1/3
Pía Melina.
Estoy maravillada con todo lo que me rodea.
—¿Te gusta?
Detengo mis orbes en el pelirrojo sonriendo como una niña pequeña delineando cada pequeña parte del excéntrico y elegante restaurante francés.
—¡Mucho!
Sus labios se curvan en una suave sonrisa que reconforta un poco mi intimidad al estar en un lugar con tantas personas mirándome medio raro por mi vestimenta.
—Me siento un poco fuera de lugar, a pesar.
El tacto cálido de su mano sobre la mía me detiene el corazón por unos segundos resurgiendo una extraña incomodad por la cual alejo mi mano sin percatarme de la prisa de mi acción.
Noto la tensión en sus músculos y mandíbula... Terminó ignorando las alarmas que se activan de pronto en mi cabeza.
—Lo siento, a veces no me doy...
—No importa.
Le restó importancia humedeciendo mis labios saboreando los olores tan exquisitos que liberan los entrantes y aperitivos de quienes nos rodean.
—¿Seguro de que puedes pagar? La verdad es que no me molestaría darte una ayudita no tienes porque...
—¡He dicho que no te preocupes!
Me sobresalto un poco asustada por su tono agresivo volviendo a escuchar a las voces de mi cabeza que terminó ignorando... Otra vez.
Sostengo dos pequeñas bolsas de regalos con estampados de flores... Exactamente tulipanes —las favoritas de Valeria—en mi mano derecha mientras la otra bolsa contiene el regalo de Ethan y Darla.
El pelirrojo le dice algo a la joven que termina desviando su mirada a nuestra espalda casi enrojeciendo sus mejillas con quién sea esté detrás de mí.
«Será que...»
—¿Pasa algo?
Peter me observa con sus manos sobre la mesa.
—Todo está bien.
Me mantengo al margen.
Quiero pretender que lo intento pero la curiosidad, los nervios y el temblor que se apoderan de mi figura casi me impulsa a voltearme en esa dirección solo para saber que le ha robado el aliento a esa chica... Mi piel se eriza cuando siento la mano fría del pelirrojo en mi espalda baja.
—Peter por favor...
Su mandíbula se tensa por segunda vez por unos pocos segundos.
—Lo siento de nuevo Pia... Es solo que la mayoría de las chicas que...
Aprieto mis puños odiando que siempre me comparen con la mayoría de las mujeres lanzadas.
—No soy como la mayoría y solo quiero un poco de respeto. Espero que eso esté bien contigo o de lo contrario tendré que...
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Perfect Doom
RomanceDicen que el amor puede cambiarlo todo, pero ¿qué pasa cuando ni siquiera crees en él? Dante Vivaldi no cree en promesas, y Pia no tiene tiempo para cuentos de hadas. Sin embargo, cuando sus mundos chocan, descubren que el dolor y la esperanza no s...
