Pía Melina
Las malas sensaciones no suelen presentarse constantemente en mi vida. Sin embargo, la opresión impertinente en mi pecho, mezclada con el amargo sabor que se acumula en mi boca, no calma mi ansiedad. Me impide concentrarme en las pequeñas cosas, dejándome atrapada en esta inquietud mientras miro a mi alrededor, sintiéndome observada.
—El tiempo pasa demasiado rápido... Es agotador y asfixiante.
Suspiro, tratando de no alertar a Valeria, quien sigue entretenida con su móvil. Hago todo lo posible por no dejar que mi mirada vague demasiado, como si algo malo estuviera a punto de ocurrir.
Pero lo siento en lo más profundo de mis entrañas.
Roma me ha dado malas vibras desde el principio, y aún más desde que Dante se ha mantenido distante después de que fuimos al orfanato. La adopción de Kain sigue siendo un tema pendiente, un proceso largo y tedioso que no ha hecho más que generar incertidumbre. No ha sido sencillo... no solo por las complicaciones legales —aún no estábamos casados ni vivíamos juntos, lo que hizo todo mucho más difícil— sino también porque Kain aún está en terapia, enfrentando sus propios demonios emocionales. El pequeño está tan acostumbrado a la desconfianza, a la desprotección, que nos cuesta mucho acercarnos a él sin que se sienta invadido o asustado. Es un avance lento, pero lo estamos logrando.
Acepto el café con leche que me traen y devoro la gigantesca hamburguesa con más rapidez de la que me gustaría admitir.
—Ni me lo digas. Dentro de dos días se acabará tu martirio... Finalmente.
Valeria sonríe, dándole grandes mordiscos a su hamburguesa sin preocuparse por la compostura.
—No sé por qué sigues diciendo que es mi martirio —respondo, odiando el calor abrasador de Roma y los rayos del sol que queman mi piel en medio de la abarrotada calle.
—Porque eres tú la que se ha pasado encerrada en el hotel con una actitud un poco... escueta. Ni siquiera quieres contarme qué te pasa.
Ajusto la mandíbula con dureza.
—Solo estoy agotada.
Suspiro, despeinando mi cabello con los dedos, y me concentro en Valeria, que sigue devorando su hamburguesa con total despreocupación.
—Todo está bien, lo juro... Solo he estado pensando en algunas ideas para nuevos libros.
Sé que no me cree ni una palabra, pero o finge muy bien que lo hace, o simplemente está esperando a que decida contárselo.
Mi mirada se detiene en una camioneta negra estacionada en la esquina. Tiene los cristales polarizados, y la sensación de inquietud en mi estómago se intensifica.
No seas paranoica... Todo está bien.
Intento distraerme mirando el anillo en mis dedos, pero mi mente se llena de mil pensamientos.
No hemos planeado nada para la boda que supuestamente vamos a celebrar Dante y yo. Ni siquiera tenemos una fecha. De hecho, llevamos días sin vernos desde el orfanato... y tengo miedo.
El matrimonio implica demasiados compromisos, confianza y respeto, cosas que, la mayoría de las veces, las parejas no terminan de comprender.
Conocer a Dante revolvió mi vida por completo y la volvió más complicada hasta el punto de que ya no sé dónde empiezan ni terminan mis sentimientos por él. Sobre todo porque se esfuerza demasiado en sacarme de quicio.
A pesar de todo, hay algo que me tranquiliza: Kain. Aunque su proceso de adopción sigue en pausa por todo lo que implica, desde la burocracia hasta sus terapias emocionales, me reconozco aliviada cuando lo veo sonreír, aunque sea un poco. No sé si él llegará a ser nuestro hijo de manera formal o si algún día lo llamaremos "nuestro". Pero si algo sé, es que, poco a poco, está encontrando un lugar seguro en nosotros. Es un largo camino, pero con cada pequeño avance, siento que estamos más cerca de darle lo que necesita. Lo que le hemos prometido.
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Perfect Doom
Roman d'amourDicen que el amor puede cambiarlo todo, pero ¿qué pasa cuando ni siquiera crees en él? Dante Vivaldi no cree en promesas, y Pia no tiene tiempo para cuentos de hadas. Sin embargo, cuando sus mundos chocan, descubren que el dolor y la esperanza no s...
