DANTE VIVALDI.
31 de octubre del 2025
Unas horas antes de la ceremonia
Nunca me imaginé repitiendo esta escena.
Ni el traje, ni las fotos, ni las mariposas en el estómago. Pero lo que más me sorprende es que no me arrepiento de nada. Ni siquiera de haber aceptado que mi suegra y mi madre se encargaran de organizar medio evento sin pedirme permiso.
—¡Papáaaa! Dalan me robó mi mariposaaa —grita Daiana desde la alfombra, con una corona torcida y las medias arrugadas.
—¡No es tuya, es de los globos! —responde su hermano, con la boca manchada de chocolate y media flor de decoración en la mano.
Cierro los ojos. Respiro. Me repito que no voy a gritar hoy.
Hoy no.
Me agacho y los separo como si fueran gatitos callejeros. La niñera que contratamos se excusa para ir por los zapatos de Dalan. Me dan ganas de recordarle que tiene dos piernas y bastante experiencia en escapar del caos, pero me contengo. Ya estoy bastante elegantito como para empezar a hablar como camionero.
—Escuchen —les digo, señalándoles con el dedo mientras me agacho—. Hoy es un día importante. Mamá se está preparando para caminar hacia mí, como en los cuentos que les leemos. Así que quiero que se porten bien. Nada de gritos, nada de mordidas, nada de esconderse en los floreros, ¿entendido?
Ambos asienten con esa cara de "voy a olvidarlo en cinco segundos" que heredaron directamente de mí.
—¿Y si mamá llora? —pregunta Daiana, con un puchero.
—Le vamos a dar un abrazo —respondo, pellizcando su mejilla con suavidad—. Y después le decimos que está hermosa. ¿Te parece?
Ella asiente, con los ojos brillando.
Es imposible no derretirme con esa expresión.
Dalan corre al sillón con un calcetín solo y se tira encima del saco que me acaban de planchar. Lo miro. Él me sonríe. El saco muere.
Me río por lo bajo. Al carajo el planchado.
Camino hacia la ventana del cuarto y miro el jardín. Todo luce impecable: los arreglos florales, las sillas alineadas, las luces colgando en los árboles. El tipo de escenario que Pía describió un día entre risas, diciendo que si alguna vez volvíamos a casarnos, quería algo "íntimo, pero escandalosamente bonito".
Y lo consiguió. Como todo lo que se propone.
Siento algo en el pecho. No es ansiedad. Es otra cosa. Una mezcla de amor, respeto, orgullo y el temor eterno a cagarla. Seré borde, testarudo y poco romántico, pero a esa mujer... no la suelto por nada del mundo.
Aparece mi madre por la puerta, con el auricular puesto, gritando algo sobre flores equivocadas y "la catástrofe de los manteles verdes menta".
—¿No eran blancos? —le pregunto.
—¡¡Exacto!! —responde, antes de salir tan rápido como entró.
Dalan aplaude. Daiana le imita. Yo solo pienso en tomarme un whisky antes de que empiece todo.
Me miro al espejo. Me ajusto la corbata.
No parezco el mismo tipo que solía decir que el matrimonio era una jaula.
Y no lo soy.
Hoy vuelvo a casarme con la mujer que me enseñó a ser mejor. Con la madre de mis hijos. Con la única capaz de mirarme a los ojos y dejarme sin argumentos.
Hoy es el día.
Y, si todo sale bien, no me desmayo en el altar.
—Papá, ¿vas a llorar? —pregunta Dalan, con una sonrisa traviesa.
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Perfect Doom
RomanceDicen que el amor puede cambiarlo todo, pero ¿qué pasa cuando ni siquiera crees en él? Dante Vivaldi no cree en promesas, y Pia no tiene tiempo para cuentos de hadas. Sin embargo, cuando sus mundos chocan, descubren que el dolor y la esperanza no s...
