Dante Vivaldi
Frunzo el ceño mientras apoyo un antebrazo en la encimera de la cocina. Sostengo una taza de café humeante entre mis manos y le doy sorbos constantes, intentando ordenar mis pensamientos.
Darla camina de un lado a otro, inquieta, pero mi mente solo puede concentrarse en una cosa: las ganas que tengo de que Pía llegue de una vez.
Traerla en brazos no fue la mejor decisión de mi vida... Últimamente, cualquier decisión que la involucre termina siendo la peor.
Sé lo que me está causando. Conozco los riesgos de acercarme más de lo que debería, pero no puedo evitarlo. Me atrae la calidez de su luz, y tampoco ayuda que mis amigos sean sus amigos. Es un jodido círculo vicioso.
—¿Crees que querrá hablarnos después de esto? —pregunta Darla, mordiéndose una uña de su manicura perfecta mientras sigue paseándose por la cocina.
—Pía puede ser un poco dramática con las mentiras —responde Valeria, acomodada en el sofá mientras juega en la Play—, pero siempre perdona.
Darla suelta un suspiro tembloroso y sacude los hombros, visiblemente inquieta.
—Sabía que no debíamos mentirle... Aun así, les hice caso como una idiota. ¿Y si nunca nos perdona? ¿Y si...?
—Joder, deja de moverte, me tienes hasta los cojones.
La envuelvo con más fuerza de la necesaria, atrapando su curvilíneo cuerpo contra el mío. Se tensa al principio, pero poco a poco deja escapar el aire y apoya la cabeza en mi pecho. La siento relajarse.
—Gracias —murmura—. Es que... no quiero perder su amistad. Pía es tan...
—Lo sé —respondo, incómodo.
Le doy unas palmaditas torpes en la espalda, deseando que el contacto termine pronto. Pero entonces, con solo escuchar su nombre en voz alta, mi mente se llena de pensamientos estúpidamente cursis.
«¿Qué mierda me está pasando?»
Me paso una mano por el cabello, tragando en seco justo cuando el sonido de tacones retumba por el pasillo.
Y entonces la veo.
Joder. Mierda. Carajo.
¿Cómo es posible que algo se le vea tan bien?
El vestido de flores veraniego se amolda a su diminuta figura, resaltando cada pequeño detalle de su dulzura. Aprieto la mandíbula, intentando contenerme.
Mi mirada es tan intensa que, cuando sus ojos chocan con los míos, sus mejillas se sonrojan. Pasa una mano por su cabello rubio, apartando algunos mechones detrás de la oreja, mientras se muerde el labio inferior.
Y, en un jodido impulso que no sé de dónde carajos salió, me encuentro justo enfrente de ella, con mis dedos sobre su labio inferior, sintiendo su suavidad, su dulce aroma... y unas estúpidas ganas de besarla.
Pía se aparta de inmediato, lanzándome una mirada asesina que solo acentúa mis ganas de sacarla de quicio.
—¿Decidió honrarnos con su presencia, majestad? —provoco, disfrutando de cómo su vena se marca de pura rabia.
—¡Aléjate de mí!
Doy un paso en su dirección. Su perfume me golpea, su expresión es puro fuego, y el repiqueteo de mi corazón contra mi pecho me dice algo que no quiero escuchar.
No. Es imposible.
«¿Qué mierda me está pasando?»
Retrocedo un poco, intentando aclarar mis ideas, respiro hondo y... solo puedo pensar en una cosa: huir.
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Perfect Doom
RomansaDicen que el amor puede cambiarlo todo, pero ¿qué pasa cuando ni siquiera crees en él? Dante Vivaldi no cree en promesas, y Pia no tiene tiempo para cuentos de hadas. Sin embargo, cuando sus mundos chocan, descubren que el dolor y la esperanza no s...
