Dante Vivaldi.
Todo me agobia.
La presión en el pecho es insoportable, como una bomba de tiempo esperando a estallar.
Llevo días aislado de Pía, alejándome a propósito, convenciéndome de que es lo mejor. De que es la única forma de protegerla de la mierda que arrastro conmigo. Pero cuanto más intento esquivar los hilos de mi padre, más me enredo en ellos.
Respiro hondo. Una, dos, tres veces.
No sirve de nada.
Ella sigue ahí. En mi cabeza.
Se ha incrustado tan profundo que me está volviendo jodidamente loco.
Me resisto con todas mis fuerzas a dejar que estos sentimientos nublen mi juicio. Yo no soy bueno para ella. Nunca lo seré. Y aunque quisiera serlo, necesitaría despojarme de todo lo que soy, de todo lo que me mantiene de pie. Pía no se enamoraría de un hombre como yo, un cabrón capaz de matar sin piedad por la única persona que ha sido capaz de hacerme sentir... algo.
Si es que acaso tengo un corazón.
Pero no es solo eso lo que me quema por dentro. Es lo que tengo que hacer ahora. El proceso de adopción. Soy el responsable de que ese maldito trámite avance. No quiero que Pía lo sepa, pero me veo obligado. La situación con mi familia es un maldito caos, y el único camino que puedo ofrecerle a Pía para darle una vida sin más demonios acechándola es esta maldita adopción. Estoy firmando papeles, realizando movimientos que no me gustan, pero son necesarios.
—Mi padre la quiere a su manera. No voy a dejar que eso pase —murmuro para mí mismo mientras mi mente se enfoca en el peso de esas decisiones.
Pero no puedo. No puedo dejarla en manos de nadie. Ni siquiera en las mías.
Intento concentrarme en lo único que me queda: mi plan. Casarme con ella es la mejor estrategia para mantenerme libre de los demonios de mi pasado, pero cada día que pasa, la mierda solo se acumula más.
Las cosas están empeorando. Y mientras más trato de protegerla, más la arrastro conmigo.
Lo sé.
Lo siento.
Y, aun así, no soy capaz de detenerme.
Me obligo a no pensar en eso. Golpeo el saco de boxeo con toda la rabia que se revuelve en mi interior, descargando la frustración con cada puñetazo. Jab izquierdo. Jab derecho. Levanto las pesas. Flexiono los músculos con sentadillas.
Pero la imagen de Pía sigue ahí.
Ella no se parece en nada a las mujeres con las que suelo estar. Es un problema. Una tentación que me jode cada jodido día.
Medio sonrío.
Sé que debería alejarme. Que debería arrancarme esta jodida obsesión del pecho.
Pero no solo es obsesión.
Es algo más profundo. Algo que me asusta por primera vez en mi vida.
No porque me aterre enamorarme de ella.
No.
Me asusta lo que sería capaz de hacer por protegerla.
Me pierdo en mis pensamientos hasta que siento una mano en mi hombro. Silas.
Lo ignoro.
Él suelta una carcajada, pero no se va.
—Tío, me estás asustando. Si no te pones para lo importante, te juro que te agarraré de los cojones.
ESTÁS LEYENDO
Perfect Doom
RomantizmDicen que el amor puede cambiarlo todo, pero ¿qué pasa cuando ni siquiera crees en él? Dante Vivaldi no cree en promesas, y Pia no tiene tiempo para cuentos de hadas. Sin embargo, cuando sus mundos chocan, descubren que el dolor y la esperanza no s...
