Pía Melina
31 de octubre del 2025
Llegó el día más esperado por algunas de las personas que más amo.
La boda de mis supuestos sueños... o al menos, la segunda boda. Esta no es más que un momento de satisfacción para mi madre y mi querida suegra.
Jamás creí que estaría tan nerviosa. Ya he vivido algo así antes, pero en este momento, lo único que puedo pensar es en la ansiedad que me consume.
Planear una boda no es tan sencillo como imaginaba. Se los digo ahora, sentada frente al espejo, mientras una de las maquillistas contratadas por mi adorada suegra se esmera en hacer valer su salario. Pero, sobre todo, es imposible no sonreír al escuchar a lo lejos los gritos estrepitosos de ambas mujeres dando órdenes a los camareros.
Suspiro para mis adentros, compadeciendo a los pobres seres humanos que corren de un lado a otro con expresiones de horror en sus rostros.
—Compadezco a estos muchachos —murmuro, divertida.
Darla, mi amiga de cabellos rubios, me sonríe por lo bajo mientras me observa a través del espejo.
—No sabes lo bien que me la estoy pasando viendo cómo...
Su frase queda a medias en el instante en que alguien entra en la habitación.
La siento antes de verla.
Se detiene a mi lado, cubriendo sus labios con los dedos y arqueando las cejas de forma exagerada. Sus ojos brillan y, con un disimulo torpe, limpia una lágrima que se desliza por su mejilla.
Le echo una mirada y noto lo bien que le sienta el vestido de dama de honor. La tela pastel envuelve perfectamente sus curvas, con mangas cortas y delicados adornos de rosas bordadas que le dan un toque elegante, pero sencillo.
—¿Los mellizos están bien? —pregunto.
Ella asiente con una media sonrisa, pero su mirada no oculta la nostalgia.
—Estás demasiado hermosa —susurra antes de dejar un beso en mi coronilla.
—¿En serio?
Jugueteo con la pulsera de oro en mi muñeca y doy vueltas al anillo de diamante en mi dedo, mientras mis pies se mueven al ritmo de la melodía baja que suena en la estancia.
—Créeme, estás despampanante.
Sonrío.
—Quiero dejar a Dante boquiabierto.
Darla sacude la mano, negando con diversión.
—No, no... estoy segura de que, cuando te vea, te llevará directo a hacer otras cosas.
La maquillista sonríe satisfecha con su trabajo. Me coloca los pendientes de perlas y el collar a juego antes de ayudarme a ponerme el vestido de novia. El escote en forma de corazón realza mi busto, más prominente después del embarazo.
Respiro hondo. Es imposible no dudar de lo que sucederá hoy... por segunda vez.
Me acomodo las medias por encima de las rodillas, sintiendo cómo la emoción me empaña los ojos. Todavía me cuesta creer que esto está pasando.
La maquillista empolva mis mejillas, mientras otra peina mi cabello. Debería estar quieta, pero las ganas de ver a mis pequeños me enloquecen. Ser madre es una de las experiencias más maravillosas y agotadoras al mismo tiempo. Aunque agradezco el apoyo de mi familia, no hay nada como ser yo quien pase la mayor parte del tiempo con ellos... hasta que me siento emocionalmente superada y Dante decide intervenir.
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Perfect Doom
RomanceDicen que el amor puede cambiarlo todo, pero ¿qué pasa cuando ni siquiera crees en él? Dante Vivaldi no cree en promesas, y Pia no tiene tiempo para cuentos de hadas. Sin embargo, cuando sus mundos chocan, descubren que el dolor y la esperanza no s...
