Ahora sí pueden leer este candente capítulo con +21.
Lean en paz.
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Dante Vivaldi.
Estoy agotado.
Mantengo mi expresión impasible tratando con todas mis fuerzas de no huir lo antes posible de las complicadas cinco peores horas de mi vida donde no haré más que escuchar a cientos de inversionistas quejándose de las mil desventajas de mis nuevos negocios asumidos.
Las reuniones de finanzas e ingresos siempre son desquiciantes y molestas en el mes más frio del año donde en lo único que puedo pensar es en lo mucho que odio ser un adulto con responsabilidades.
Fijo mi atención en el enorme ventanal de la sala de juntas percatándome de como el invierno se vuelve cada vez es más constante, y aburrido.
Las cortinas blancas que recubren la sala continúan intactas junto a la enorme mesa negra que se haya en el medio de la lujosa estancia con personajes acomodados estratégicamente en sus asientos y algunos folios con estadísticas delante de sus narices.
Desvío mi mirada hacia ningún punto en específico rememorando aún los sucesos de hace unos días con la rubia de ojos azules. El fin de año se acerca repitiendo aún que tengo ciertos asuntos pendientes en este país antes de marcharme por completo de regreso. Mi mente viaja a la pelinegra recordando el lastimoso acontecimiento que por pesar de la vida me he visto forzado a repetir en varias ocasiones en mi cabeza.
Pellizco el puente de mi nariz abstraído echándole un leve vistazo al mensaje que ilumina la pantalla de mi móvil reverberando dentro de mi la rabia que me consume al saber de quien se trata.
Me decanto por delinear el leve color de las paredes con sus tonos grisáceos, secos, pero sustentosos.
La decoración nunca ha sido algo que me importe demasiado hasta el momento en que solo puedo pensar en lo mucho que me estoy entreteniendo con cualquier gilipollez.
Uno de mis inversionistas continúa hablando con soltura ignorando los bostezos de las personas que nos rodean.
Suspiro de cansancio bebiendo un poco de agua con la mirada del jefe de finanzas empresarial fija en quienes pretenden escucharlo para después detener su mirada en mi continuando su aburrido discurso de las ganancias, perdidas y bla bla bla...
—Señor.
Dejo de apoyar mi barbilla sobre mis puños volviendo a la realidad percatándome del español de cabellos negros y ojos azules, delgaducho con su traje negro impecable.
—¿Algo importante que quiera que aporte?
Acomoda las gafas en su tabique tragando nervioso.
Mis ojos se cruzan con los suyo trayendo el recuerdo de la rubia llegue a mi cabeza.
No he sido capaz de sacarla de ahí desde aquel momento... La inocencia de sus fracciones, las reacciones de su anatomía, y sus jadeos es lo que la han mantenido en mi subconsciente, es como si solo pensara en llevar la perversidad a su vida.
—¿Me está escuchando?
Junto mis manos encima de la mesa, desviando mi mirada a todos los directivos que representan las distintas áreas relamiendo mis labios.
—Honestamente... —me detengo, alzando la comisura de mis labios en una sonrisa—, ni siquiera me interesa lo que menciona.
Me pongo de pie causando un sonido chirriante con la silla imponiendo mi postura con las palmas de mis manos estrellándose contra la frívola mesa.
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Perfect Doom
RomanceDicen que el amor puede cambiarlo todo, pero ¿qué pasa cuando ni siquiera crees en él? Dante Vivaldi no cree en promesas, y Pia no tiene tiempo para cuentos de hadas. Sin embargo, cuando sus mundos chocan, descubren que el dolor y la esperanza no s...
