Pia Melina.
14 de mayo del 2024.
Libero un estrepitosos suspiro, mientras intento calmar la incomodidad que me provoca mi vientre de casi ocho meses que me ha dado mad dolores de cabeza que satisfacción. Aun así una sonrisa surca mis labios, porque a pesar de no querer romantizar el embarazo me he dado cuenta de que es una de las experiencias más satisfactorias del momento.
Le echo una ojeada a mi figura en el espejo alisando con nerviosismo la tela de mi vestido de flores con mangas abombachadas. Mi vientre es más redondeado cada día, y aunque sé que todavía falta tiempo, no puedo evitar prepararme. He pasado la tarde organizando las cosas del bebé, asegurándome de que todo esté en orden, esa sensación de sentir que tengo el control me tiene con los pelos de punta, aunque en el fondo sé que nada puede prepararme realmente para lo que viene.
Suelto un suspiro y me giro hacia la cama, admirando unos pañales y un diminuto conjunto que me regaló Darla ayer después de hablar con ella. Ambas estamos igual de comprometidas con nuestros embarazos, pero es inevitable negar lo agotador que es esta espera. Sonrío al ver lo pequeños que son. Dante diría que me estoy adelantando demasiado, pero no me importa quiero que todo sea perfecto.
El sonido de la puerta abriéndose me saca de mis pensamientos. Me volteo justo a tiempo para verlo entrar en la habitación.
—Justo estaba pensando en ti.
Susurro notando que a pesar de los años sigue luciendo exactamente como el hombre atractivo que siempre ha sido, incluso aunque luce agotado, con el nudo de la corbata suelto y una expresión de cansancio en el rostro, eso no cambia nada, al menos no hasta que alza la mirada. Sus labios se curvan en una sonrisa lenta, de esas que siempre logran acelerar mi corazón.
—Dios mío... —murmura relamiéndose los labios, y apoyándose contra el marco de la puerta devorándome de arriba abajo con premura—. Sabía que mi mujer era hermosa, pero esto es ridículo.
Siento que mis mejillas se calientan porque no importa cuantos años pasen, aun no estoy preparando para sus exuberantes halagos.
—¿Ridículo?
Dante camina hacia mí con calma, como si disfrutara cada segundo del momento; erizando cada pequeña partícula de mi cuerpo con su imponencia, siempre ha sido un hombre alto, sereno y cauteloso, pero con los años se le nota más. Llega a mi lado deteniendo sus manos en mis caderas atrayéndome contra él con suavidad.
—Ridículamente perfecta —susurra contra mi piel antes de besar mi cuello—. Maldita sea, Pia... cada día me gustas más.
Cierro los ojos un instante, saboreando la calidez de su cuerpo contra el mío. La forma en la que aspira mi aroma, soba mi vientre disfrutando todo y nos observa a ambos en el espejo.
Nos vemos tan diferentes, pero es como si fuéramos la pieza que le faltaba al otro.
—Pensé que estabas cansado.
—Muerto —admite, deslizando sus manos por mi cintura—, pero verte me revive.
Me giro entre sus brazos y lo miro con una sonrisa tierna.
—¿Sabes que me amas, verdad?
Dante ríe, bajo y ronco, antes de besar mi frente con ternura.
—No hay un solo día en que no lo sepa.
Me muerdo el labio cuando siento sus manos acariciando mi cintura. Sé que me ama, sé que para él siempre he sido la mujer más hermosa, pero... no puedo evitar la sensación de que mi cuerpo está cambiando demasiado. Mis curvas son más pronunciadas, mi vientre crece cada día, y aunque sé que es natural, una parte de mí teme que deje de gustarle tanto como antes.
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Perfect Doom
Storie d'amoreDicen que el amor puede cambiarlo todo, pero ¿qué pasa cuando ni siquiera crees en él? Dante Vivaldi no cree en promesas, y Pia no tiene tiempo para cuentos de hadas. Sin embargo, cuando sus mundos chocan, descubren que el dolor y la esperanza no s...
