Maratón 2/4
Pía Melina.
El dolor de cabeza es destructivo.
Mi cuerpo se siente como un saco usado completamente maltratado con mi mente destilando con ciertos recuerdos que suelen venir e irse de apoco.
El cómodo colchón es quien calma el dolor de mí cuerpo por segundos con un fuerte olor a colonia de hombre que penetra mis fosas nasales en pequeñas ráfagas de tiempo.
Esta es mi primera y última resaca.
Siempre he aborrecido ese líquido acuoso, que contiene ingredientes capaces de llevarte a decir cosas de las que puedes arrepentirte e incluso realizar acciones que te llegan a resultar graciosas.
En mi vida lo había probado, era más de las que si iba a una discoteca bailaba y bebía, pero jugos naturales o agua. Las veces que llegué a salir con mi compañera de cuarto, yo era quien terminaba evitando que ella cometiera errores.
Mi subconsciente me traiciona trayendo un recuerdo bastante inesperado a mi cabeza.
—Eres tan guapo.
—Tú eres tan inocente y torpe.
—Quiero besarte.
—Yo quiero follarte.
Hasta ahí llega el recuerdo dejándome con la curiosidad de si algo llegó a suceder en aquel momento.
Mi vista está bastante nublada.
Soy incapaz de distinguir en donde me encuentro desconociendo por completo mi entorno y agobiándome por el jodido dolor de cabeza.
«Mierda, ¿qué sucedió realmente en aquella discoteca?»
Despeino mi cabello intentando que los recuerdos impacten de una sola en mi cabeza con la única intención de recobrar un poco mi extraña compostura en todo esto.
Me siento bastante ligera a lo que de ropa se refiere logrando notar lentamente el problema que...¡oh joder!
«Mierda»
Hice lo primero que me vino a la mente al encontrarme de lleno con el musculoso desconocido aún teniendo la vista borrosa y un dolor en mis articulaciones.
—No dejaré que me toque en contra de mi voluntad.
Detengo mis manos en su cuello con mi boca en su oreja mordiendo con fuerza hasta sentir el fuerte sabor a la sangre.
—¡Mierda mujer!
El chico se defiende quejándose cómo puede mientras mis manos se aferran con fuerza a sus hombros y mis piernas a su cintura, hasta el momento que lo mordí con gran fuerza mi cuerpo termina cayendo en dirección a la cama librándose de mi guerra.
—Mierda, sí que eres salvaje cuando te lo propones.
Sobo mi cabeza de manera repetitiva.
«Espera... No puede ser»
—¿Dante?
Levanto mi trasero de la gran cama matrimonial rascando mis ojos con la única intención de...
«Darme de golpe con la realidad»
—¿Quién más sería tan estúpido de traerte a su casa con tal de evitarte una mala noche?
Soba su oído y sus hombros tensos.
«Me cago en todo el alcohol del mundo»
—Me entregaste tu virginidad en bandeja de plata.
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Perfect Doom
RomanceDicen que el amor puede cambiarlo todo, pero ¿qué pasa cuando ni siquiera crees en él? Dante Vivaldi no cree en promesas, y Pia no tiene tiempo para cuentos de hadas. Sin embargo, cuando sus mundos chocan, descubren que el dolor y la esperanza no s...
