Cap.37-Apesta... a pura mierda

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Samadhi

Salir por la ventana de mi habitación se hizo costumbre después de cumplir diecisiete años. El detalle aquí era que también se había hecho costumbre que Conrad estuviese esperando por mi del otro lado de la cerca.

Justo ahora él estaba jugando a la casa feliz con sus hermanos y sabía que tanto a él como a mi, no nos convenía que nadie se enterara de esta mierda en la que por curiosidad nos habíamos metido y que justo ahora parecía un vicio para ambos.

Necesitaba dinero.

Y no iba a esperar una semana más hasta que sus hermanos decidieran largarse. Tenía un plan, había quedado con Angela. Ella iba a conseguirme a alguien de confianza para que hiciera lo que hacía Miles. Apostaría con mi dinero por lo que me convenía ganar.

Por supuesto que ella no lo haría gratis. En este tipo de cosas nadie era amigo de nadie. A menos no si los conocías en ese lugar.

Bajé del taxi que tomé una cuadra antes de meterme en uno de los callejones más putamente oscuros. Sin Conrad, esto me ponía más de nervios de lo habitual. Quien por cierto iba a enojarse mucho si se enteraba que me había metido aquí sin él. Pero por supuesto que a mi me valía una mierda y a parte... Había hecho prometer a Angela que no le diría absolutamente nada.

—¡Zei! —Festejó la mujer.

Era realmente una de las razones por las cuales muchos hombres venían aquí. Era alta y sus operaciones le quedaban tan perfectas que ni siquiera se notaba que ese par de tetas y ese culo eran falsos.

—¿Lo tienes?

Asintió.

—Muchos han apostado por el monstruo—Se burló—Siempre subestimándote.

Me tense cuando pasó sus manos por mi cabellera. Tenía sus tetas muy cerca de mi cuello. La alejé lentamente, porque sabía que esta mujer le entraba a absolutamente todo, pero yo no. Si bien era una puta, era un poco más selectiva que ella.

—¿Quién está llevando el dinero?

—Calamity.

Rodé los ojos.

—Sé que es un asco, pero en este lugar es difícil encontrar a alguien de confianza y que luzca como Miles. Todo el mundo confiará en él, créeme. Hay mucha gente nueva allá afuera.

—Como sea. Voy a arreglarme.

Ella asintió, recargándose contra el mueble viejo que tenía la habitación. Carraspee mi garganta, incomoda. Ella me incomodaba. Lo hacía desde que me pidió a mi y a Conrad que hicieramos un trío.

—Si no te importa...

—No. Continua.

Suspiré.

—¿Podrías por favor salir de aquí, Angela?

Ella rodó los ojos.

—Que aburrida eres Zei.—Aún así salió.

Procedí a trenzar y atar bien mi cabello y colocar el pasamontañas. Siempre la usaba porque, a parte de que lo último que quería era que me jalaran por el cabello, no debían de reconocerme.

Suspiré.

Sentía que estaba haciendo todo mal. Pero también sabía que era culpa del idiota de Conrad. Esta noche iba a demostrarle que no necesitaba de él para hacer esto.

—Será mejor que ganes, porque si Angela no obtiene su pago, hará que folles con ella.—Aquella voz me hizo rodar los ojos.

Calamity venía entrando con la caja llena de dinero.

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