CONRAD
—¿Vas a decirme algo? —Murmuró, parecía humillada. Así era como se ponía todo el tiempo cuando las cosas no le salían como ella quería.
La falta de entrenamiento había impedido que ganara, haciéndome así perder todo el dinero que había dado por ella.
—¿Qué se supone que quieres que te diga?—Contesté, sin quitar la vista de adelante.
El sol iniciaba a salir y ella debía estar en su casa antes de que eso sucediera.
—No lo se... Algo como que no pelearás la próxima semana.
Sonreí, de lado. Con mucho sarcasmo.
—Claro que voy a hacerlo. Y con el dinero que ganes vas a pagarme lo que me hiciste perder esta noche.
Ella bufó, pero no dijo nada. Se mantuvo ahí, en el asiento de copiloto, cruzada de brazos hasta que llegamos a la calle que daba a la parte de atrás de su casa.
Bajó y sabía que iba molesta porque no se había despedido de mi. Azotó la puerta del auto y no me fui hasta que la vi terminar de escalar por la ventana para entrar a su casa.
Cuando llegué a casa, subí después de recoger el correo que había llegado. Revisé absolutamente todo, porque estaba seguro de que Lowell era capaz de incendiarlo antes de tener que revisarlo y nuevamente llevarse un descontento.
Separé lo mío de lo suyo y entré al departamento. Aún era muy temprano, por lo que no me sorprendió que durmiera, más bien la forma en la que parecía muy cómodo al lado de la rubia que ayer había traído.
Valentine.
Me preguntaba qué era lo que tenía de especial esa chica. En todos los años que Lowell y yo llevábamos viviendo juntos, nunca lo había visto tan dispuesto a hacer las cosas que hacía con ella.
Si bien la cara de culo que siempre cargaba no desaparecía, era más accesible con ella. Al menos si alguien más le hubiese pedido que se pusiera una mascarilla, lo más seguro hubiese sido que lo echara de la casa.
Me acerqué a ellos, con mucho cuidado de no despertarlos. La abrazaba y sus piernas estaban enredadas en el pequeño cuerpo de la chica, ella se mantenía a su lado, con su cabeza entre su pecho, abrazándolo de regreso.
Si era algo de qué sorprenderse.
Los dejé descansar, pasando de largo hasta mi habitación. Necesitaba una larga ducha. Una que me ayudara a quitar el estrés que perder todo ese dinero me había dejado encima.
Al salir, me dirigí a la cocina. Estar toda la noche despierto me tenía muriendo de hambre y hoy no solo debía cocinar para Lowell. También para la chica a la que había invitado... O bueno, la chica que se había invitado sola al departamento.
Lo removí cuando la comida ya estaba lista. Abrió los ojos y me miró con el ceño fruncido.
—Apaga la luz—Ordenó en un gruñido.
—Por supuesto, imbécil. Ahorita hablo con el ente que controla el universo y le pido que apague el sol.
—Estás tardándote—Dijo antes de volver a cerrar los ojos. Acomodándose mejor.
—El almuerzo ya está hecho, Lowell. Si no te levantas vas a cocinarte tú solo.
Una vez más gruñó. Aún así, soltó a la chica lentamente, suponía que era para no despertarla, pero después me di cuenta que solo había olvidado que alguien más estaba ahí, pues en seguida la tomo del hombro e inició a sacudirla con brusquedad, haciéndola sobresaltar.
ESTÁS LEYENDO
Alusión
Genç KurguDespués de romper con Jasper, Valentine se da cuenta de lo sola que está. Por esa razón, tras conocer a Lowell y convencerlo de ayudarle a ser la número uno en la lista de chicas más bonitas del instituto, se envuelve en la extraña y misteriosa vida...
