Baño De Prefectos.

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POV'S LILITH.

Una tarde luego de entrenar decidí acercarme a Luna.

-Hola...

-Hola...

¿Desde cuándo hablarnos era incomodo?

-Yo...

-Perdón –Soltó sin más y fruncí el ceño –Sé que me equivoqué con Azael y me duele haberlos lastimado a ambos, prácticamente ustedes fueron los primeros en quererme tal como soy y no fue justo hacerlos pasar por tanto, en especial a él, también confieso que te extraño y que todos estos días pasar por tu indiferencia me ha dolido bastante.

-Sabes, hace poco hablé con él -Comenté.

-¿De verdad?

-Sí, me dijo que no quería que me metiera en esto, hasta cierto punto tiene razón ya que esto es entre ustedes.

-Ya veo.

-También me duele tu ausencia –Confesé -¿Qué dices si volvemos a hablar?

-¿Lo dices en serio?

-Claro.

-Yo feliz –Me acerqué y nos dimos un abrazo –Por cierto, ¿Ya te enteraste de lo que está haciendo Emily?

-No, ¿Olvidas que debo estar a dos metros de ella? –Le pregunté mientras alzaba una ceja y ella reía.

-Se ha vuelto loca y comenzó a repartir esto –De su mochila sacó una hoja y me la extendió.

-¿Colección de banderas?

-Cada que beses a alguien de la nacionalidad correspondiente a una bandera debes tacharla.

-Emily enloqueció.

-Puede que sí, pero ya muchos están llenándola.

-Me gustaría también poder hablar con ella.

-En pocos meses podrás hacerlo.

-Cierto.

-¿Qué dices si vamos a Hogsmeade por un helado?

-Me parece perfecto, ¿Nos vemos a las...?

-Lilith.

-¿Qué sucede Daphne? -Pregunté cuando me giré a ver a la rubia.

-Necesito que me acompañes al taller de costura.

-¿Por qué?

-Tengo que hacer unas modificaciones de emergencia a tu atuendo.

-Ve, podemos salir otro día –Me dijo Luna.

Asentí y me fui con Daphne, al llegar me pidió ponerme el atuendo y ella rápidamente comenzó a trabajar en silencio.

La verdad aquel silencio era muy incómodo para mí, principalmente porque las agujas me ponían nerviosa.

-¿Y qué tal estuvo la comida que tuvieron Charles y tú hace días? –Pregunté buscando algún tema de conversación, sin embargo, noté que ella se tensó un poco.

-Estuvo bien –Respondió un poco cohibida.

-Genial.

Pasaron treinta minutos y ella dijo que podía irme, tomé mis cosas y sin perder tiempo me fui a mi sala común.

Al llegar mis hermanos estaban en una de las mesas jugando ajedrez pero algunas chicas se acercaron.

-No haré esa estupidez –Le respondió Tom a una de ellas.

La quinta Shelby.  Libro 1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora