POV'S LILITH.
-Hola pajarito.
-Hola pollito.
-¿Qué haces?
-Estoy estresándome con el día de ecuador, será dentro de poco y vaya que aún me falta mucho por hacer y supervisar.
-¿No crees que te estás excediendo un poco?
-¿A qué te refieres?
-Bueno, ya casi no se te ve conviviendo por estar al pendiente de todo esto.
-Supongo que es mejor comenzar a acostumbrarme a esto.
-¿De qué hablas?
-En algún momento deberé tomar las riendas de Shelby Company, quiero estar preparada para eso.
-Falta mucho, aún no terminas ni siquiera la escuela y ya estás pensando en cuando vayas a trabajar.
-Es mejor estar preparada desde ahora.
-Ahora haces que yo me sienta como un idiota.
-Ya me entró la duda –Dije mientras dejaba de escribir en mi agenda -¿De dónde viene la fortuna Black?
-De los combustibles –Respondió él mientras se encogía de hombros –La minas de carbón y los pozos petroleros mantienen a mi familia.
-Interesante.
-Así es, prácticamente todas las fábricas dependen de nosotros hasta cierto punto.
-¿Y si le sabes a eso?
-No completamente pero algo es algo, mientras sepa venderlo todo bien.
-Si eres un idiota.
-Perdón por no ser tan ansioso como tú.
-Es que no entiendo cómo puedes estar tan clamado, eres el único heredero y algún día tu solo deberás dirigir esas fábricas.
-Con mayor razón trato de no preocuparme tanto, quiero disfrutar lo que me quede de juventud porque apenas me reciba te aseguro que mi abuelo no me dejará salir de la oficina.
-Si tu lo dices.
-Por cierto, ¿Este fin de semana tienes competencia?
-No, ¿Por qué?
-¿Qué dices si me acompañas a un baile?
-¿Un baile?
-Sí.
-¿Pero con vestidos largos y esas cosas?
-Sí.
-¿Y eso? ¿Cuál es el motivo?
-Caridad.
-Tu abuela estaba aburrida ¿Cierto?
-Ya la conoces –Suspiró.
Walburga Black era conocida por sus bailes exclusivos y extravagantes, siempre los justificaba diciendo que eran para caridad, a pesar de que el dinero si era llevado a instituciones que lo necesitaban lo cierto era que solo querían divertirse y presumir sus riquezas.
-¿Cuál será la temática?
-Ajedrez.
-¿Ajedrez?
-La abuela dice que sería algo original.
-Suena interesante.
-¿Qué dices? ¿Serías mi pareja?
-Está bien, ¿Cómo debo vestir?
-No te preocupes por eso, ya he comprado todo.
-¿Tú?
-Sí así es.
-¿Lo compraste aún sin saber si aceptaría?
-Eres mi mejor amiga, sabía que aceptarías.
-Un día de estos tu abuela querrá casarnos al ver que soy la una chica a la que siempre llevas.
-Bueno, conmigo tendrías un buen matrimonio.
-¿Por qué piensas eso?
-Te cumpliría todos tus caprichos y tendrías acceso a mi cuenta bancaria.
-¿O sea que me pagarías por ser tu esposa?
-No lo había pensado así.
-Regi, ¿Para ti que es un matrimonio?
-La fusión de dos apellidos.
-¿Y ya?
-Perdón por no ser romántico pero al menos eso es lo que yo he visto y vivido en mis 20 años de vida.
-Te falta mucho por aprender.
-O más bien tú estás leyendo mucho romance –Dijo mientras tomaba mi lectura actual -¿El perfume del rey?
-Es muy bueno.
-¿De quién te enamoraste ahora?
-Recién lo voy comenzando, por ahora Stefan es mi príncipe azul.
-Interesante.
-Ya veremos que sigo pensando cuando lo termine.
-Jamás voy a entender como es que con todas tus responsabilidades logras sacar tiempo para leer.
-Magia –Respondí burlo y ambos reímos.
-Por cierto, ¿Aún recuerdas bailar vals cierto?
-Prácticamente le rogaste a mi madre que me metiera a las clases de baile que tu abuela te obligó a tomar, claro que aún lo recuerdo.
-En serio te amo pajarito –Me dio un abrazo por detrás y me besó la frente –Hace mucho que no bailamos.
-Ya lo creo.
-Arriba –Dijo mientras me hacía levantarme.
-¿Qué haces?
-Comprobar que aún sabes bailar con elegancia y no solo los ritmos latinos.
Por lo regular todos los salones solían tener un tocadiscos para aquellos a los que les gustara estudiar con música o por si los profesores llegaban a necesitarlo.
-¿En serio? –Pregunté cuando escuché la canción.
-O vamos, es buena.
Reí mientras negaba y ambos nos acercamos al centro, hicimos una reverencia y ambos colocamos nuestras manos en los lugares correspondientes.
Bailar con Regulus me gustaba mucho, él era un chico muy elegante, su porte fino me hacía sentir como si estuviese bailando con un príncipe.
La falda del uniforme se movía tan hermosa que luego de que la canción terminó le pedí varios bailes más y fue así que pasamos la mayor parte de la tarde bailando.
Él sabía cómo hacer que me des estresará y yo se lo agradecía mucho.
