Una Tarde En La Casa Black.

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Dedicado a fwliahttps

POVS' DRACO.

Como siempre, mi madre nos hizo llegar temprano al baile de los Black ya que ella era muy unida a su tía.

-Si me permiten, iré a tomar un poco de aire fresco -Comenté mientras me alejaba del grupo de mujeres que daban órdenes como locas.

En aquel grupo también estaba Mía ya que mi madre estaba un tanto protectora con ella.

Decidí vagar por los pasillos de aquella mansión y mientras veía los cuadros, llegué al de mi primo.

Es el típico cuadro que todos tenemos de cuando éramos bebés, con la diferencia de que mientras yo fui retratado con mis padres, él lo fue con sus abuelos.

Ahora que lo pensaba, yo no conocía a sus padres, a Sirius al menos lo reconocía si lo veía por la calle, pero de su madre no sé ni quiera su nombre.

Continuando con mi caminata me topé con el cuadro de mi difunto tío Regulus I, tengo entendido que él murió joven, sin embargo, no sé como fue o cual fue la causa.

Mi madre decía ser muy cercana a él, y por los miles de cuadros que hay de él, no cabe duda de que en vida fue el favorito de Walburga y Orión.

Seguí mi recorrido hasta que al pasar por una puerta abierta casi me golpea un libro que salió volando seguido de un...

-Maldito.

Me acerqué al libro y lo tomé, la intriga se instaló en mi por lo que decidí asomarme a aquella habitación y una pequeña sonrisa burlona salió de mi al ver de espaldas a aquella chica de pequeña estatura con el cabello lleno de nudos.

-Sabes, por lo general estas cosas están hechas para leer -Comenté y Grindelwald se dio la vuelta.

Tenía el semblante fruncido y sus mejillas estaban tintadas de un pequeño rubor a causa de su molestia.

-Dámelo -Pidió mientras trataba de alcanzarlo pero subí mi brazo.

-No, el pobre libro solo sufrirá maltrato estando contigo.

-Malfoy -Masculló.

-¿Y ahora que te tiene molesta?

-Ay es que maldito Stefan -Pronunció con evidente enojo -Es un hijo de... -Apretó sus labios antes de terminar la maldición.

-¿Quién es Stefan?

-Justo ahora lo estas sosteniendo.

Miré el libro en mi mano y rodé los ojos.

-¿Me estás diciendo que te has enojado con un personaje literario?

-Si.

-Estás loca -Le extendí el libro y ella lo tomó para luego dejarlo en una pequeña mesita.

-Tú no lo entiendes.

-Entonces explícame -Pedí mientras me encogía de hombros.

No tuve que hacerlo dos veces ya que ella comenzó a contarme lo que hasta ahora había leído.

Honestamente me dio gusto verla hablar tan apasionadamente de su libro, las emociones que ella sentía las enfatizaba al hablar, se me hizo interesante el poder del libro ya que con sólo letras la hacía sentir muchas cosas.

En algunos ratos mis ojos se desviaban a sus labios y no pude evitar detallarlos, ella no tenía precisamente los labios más grandes pero parecían ser del tamaño perfecto para ella.

La quinta Shelby.  Libro 1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora