Cuadrante 36, Sistema Malvarala, planeta Tarsex.
El estruendo provocado por el impacto de los proyectiles quebró la cotidiana serenidad de la pradera. Ocho cráteres humeantes de tierra quemada surgieron donde antes se encontraba un hermoso bosque de árboles de tono azulado. Del interior de los cráteres emergieron flotando ocho figuras vestidas con la armadura del Imperio Galáctico.
- Bueno, ha sido mucho mejor que viajar en la nave de ese condenado reptil – exclamó Prico mientras estiraba las piernas -. Aunque ahora me siento entumecido.
- No te preocupes, pronto recuperarás la movilidad – respondió Plum -. En cuanto juguemos un poco con esos tardalianos.
- El paisaje es bastante similar a lo que describían los archivos del Cuerpo de Exploradores, ¿no crees Auber?
Auber no respondió. Su atención estaba colapsada por la cantidad de información que le enviaba su rastreador. Había insertado el zonificador de Morello antes de partir del planeta Malvarala y, para su sorpresa, el volumen de datos que incluía el software era muy superior a sus expectativas. Nombres y descripciones de los vegetales, rocas e insectos que le rodeaban emergían en la pantalla a medida que movía la cabeza.
- ¿Te encuentras bien? ¿Detectas algo interesante? - le preguntó Tich para captar su atención.
- Muchas cosas... – murmuró Auber, aún abrumado por el volumen de datos. Hasta ese momento no había valorado la dimensión del regalo de Morello. Debía agradecérselo de nuevo cuando regresase al planeta Vegeta.
- Detecto diez niveles de poder en dirección oeste, a unos noventa kilómetros – dijo Lych analizando los datos de su rastreador -. Ninguno supera las quinientas unidades. Debe de tratarse de una de las patrullas de prospección que busca la mina.
- Según el mapa que nos facilitó Jared, la mina se encuentra al sur de nuestra posición – señaló Auber comprobando el holomapa del mercenario -. No detecto ninguna energía relevante de allí. Deben estar dando palos de ciego.
- Supongo que podríamos ir y ayudarles a orientarse. ¿Qué te parece capitán? - preguntó Plum a Lych con una sonrisa cómplice.
Lych no le devolvió la sonrisa y continuó rastreando el horizonte.
- El campamento principal de los tardalianos debería estar al noreste – dijo Lych -. No detecto nada en esa dirección, así que deben de contar con una barrera de inhibición. No hay ningún otro poder que merezca la pena en el planeta.
- ¡Perfecto! - exclamó Prico -. Pues el plan es muy simple. Vamos al oeste y despachamos a la patrulla de prospección. Luego, rumbo al noreste y arrasamos el campamento. Para la hora de comer ya tendremos el asunto resuelto y podremos tomar el poco sol que llega a este planeta en lo que viene Raditz y el bicho raro del pelo rosa.
- Deberíamos dirigirnos primero a su campamento y analizar el nivel de poder de su guarnición – repuso Auber. Eso era lo que marcaba el reglamento del Cuerpo de Exploradores: analizar todas las fuerzas en juego, valorar los riesgos y ejecutar la operación.
- ¡Eso es una tontería! - bramó Prico -. Según el informe solo hay dos decenas de soldados en esta roca perdida y tenemos localizados a la mitad. ¡Sería estúpido no eliminarlos de inmediato!
- Esa información podría estar desfasada o no ser precisa – señaló Ulif -. Quizás deberíamos asegurarnos de cuales son sus fuerzas antes de descubrir nuestra presencia entablando combate.
- Yo estoy con Prico – intervino Plum -. No podemos desperdiciar esta oportunidad. Si acabamos con ellos ahora, tendremos una ventaja enorme sobre su campamento. Además, ya deben de haber detectado nuestra llegada, no tiene sentido andarnos con sigilo.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
