Capítulo 61: Las furias gemelas

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Cuadrante 36, Planeta Malvarala.


La conversación con Raditz fue más larga de lo que Auber había previsto. Su capitán había querido conocer todos los detalles del ataque a la nave malvariana, sin duda para compararlo con el resto de informes. Por suerte, Jared y Lych habían mantenido la versión del abordaje de piratas espaciales y, si bien cometió algunas incongruencias narrativas, estas no fueron suficientes como para levantar sospechas. También le habló de su accidentado aterrizaje en el cometa y de como, gracias a unas viejas piezas que encontró en él, había logrado reparar la nave. No mencionó nada sobre Anan.

- Parece que también tienes suerte – dijo Raditz cuando terminó su relato -. Es otra buena virtud para un explorador, aunque yo no lo fiaría todo a esa carta.

Auber asintió, deseando terminar con la reunión. Estaba agotado del viaje y la presencia de tantos saiyans en el planeta, incluida Cress, no había contribuido a mejorar su humor. Zero, dormido en una mochila a su espalda, parecía igual de cansado. Se había cuidado de ocultar a la oruga en la medida de lo posible, evitando llamar la atención de sus superiores. Las mascotas no estaban prohibidas entre los saiyans, si bien podían ser consideradas como un signo de debilidad y no quería que Zero se acabase convirtiendo en el objetivo de sus enemigos.

- No te quito más tiempo, supongo que estarás agotado del viaje – dijo Raditz.

- Si, han sido unos días bastante movidos – exclamó agradeciendo que terminase la conversación.

- Y peor se van a poner – añadió Raditz -. Ahora que has vuelto de entre los muertos hay varios puntos que deben resolverse. El primero, si aún quieres el puesto, es realizar tu ceremonia de nombramiento como capitán de escuadrón. Lo suyo sería hacerlo mañana mismo.

- ¿Tan pronto? - exclamó Auber.

Había contado con tener unos días de descanso antes de regresar a la disciplina militar.

- Si, la general Cress no quiere retrasar más de lo necesario la invasión y os han asignado una nueva misión – respondió Raditz -. A partir de ahora dejarás de estar a mis órdenes y tu superior será el emisario imperial Ashel, un hombre de confianza de Freezer al parecer. Tiene una misión de vital importancia en Tardalia y precisa de un escuadrón de exploradores como soporte. Supongo que se pondrá en contacto contigo para informarte sobre los detalles.

¡¿Voy a ir a Tardalia?! - pensó Auber sin poder creer su buena suerte. Desde que al llegar a Malvarala escuchó los rumores sobre la invasión saiyan había estado buscando una forma de participar en la ofensiva, aunque eso significase pasar la línea roja de tener que pedírselo a Cress. Sin embargo, gracias al emisario imperial se había ahorrado la visita -. No lo conozco y ya me cae bien.

- Será una batalla épica, cuyo resultado se narrará durante generaciones – continuó Raditz -. Sinceramente, te envidio. Ojalá pudiese acompañaros.

- ¿No formará parte de la ofensiva? - exclamó Auber sorprendido.

- No, la general Cress tiene otro trabajo para mí. Quiere que sirva de enlace de comunicaciones para informar al planeta Vegeta del resultado de la batalla – masculló Raditz con fastidio -. Así que me toca perderme la diversión.

- Lo lamento – dijo Auber.

Sabía lo importante que era para un saiyan participar en este tipo de misiones y entendía la decepción de Raditz.

- No pierdas tiempo en eso – dijo quitándole importancia -. Vete a descansar, quizás sea la última vez que puedas hacerlo en un tiempo.

Auber asintió y, tras realizar el saludo militar, se aproximó a la puerta. Al salir le esperaba una comitiva inesperada.

Dragon Ball: una historia de los saiyansHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora