Capítulo 53: Terror en la ruta a Malvarala (IV)

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Cuadrante 36, Sistema Malvarala, lanzadera Oasis 05, entrada al puesto de mando.


Un saiyan no le teme a nada, un saiyan no le teme a nada – se repetía Umber a cada paso que daba hacia el puesto de mando. Nada en el entorno hacia indicar que hubiese peligro por esa zona. Se suponía que el rathasha se encontraba al otro lado de la nave, muy lejos de ellos. Sin embargo, la perspectiva, aunque remota, de poder cruzarse con él le provocaba un fuerte y familiar dolor en la zona abdominal -. ¿Y si hay más de uno? ¿Y si nos espera en el puesto de mando?

Las comunicaciones con Elmer y Maty no funcionaban, quizás el rathasha había acabado con ellos o, en el peor de los casos, ¡quizás ellos fuesen también rathasha! Un nuevo retortijón amenazó con detener su paso vacilante.

No debes tener miedo, tus compañeros cuentan contigo – se recordó.

Pensar en ellos lo reconfortó ligeramente. Toda su vida había estado marcada por el maltrato y la traición. Su paso por el orfanato y la clínica siempre habían sido el escenario de un nuevo abuso por parte de sus semejantes. Así había sido hasta que conoció a Auber. Su capitán había apostado por él, a pesar de sus defectos, asignándole una misión en Tarsex que podía haber terminado en desastre si fracasaba.

Incluso me salvó de aquel derrumbe - pensó.

Cualquier otro saiyan lo habría abandonado entre los escombros, pero Auber se había molestado en rescatarlo, a pesar de su fracaso en la misión, a pesar de su cobardía... Por eso no podía fallarle ahora. Cumpliría su tarea de la mejor manera y demostraría que era digno de formar parte de su escuadrón.

- Chico, te me dispersas – dijo Jared devolviéndolo a la realidad -. No pierdas el tiempo, se supone que tienes que cubrirme.

- Si señor, discúlpeme – respondió Umber apretando el paso.

- ¿Eres bastante asustadizo para ser un saiyan no? - preguntó el contrabandista sin pudor -. No te lo tomes a mal, me gusta. Estaba harto de la típica brutalidad de tu raza, todo coraje y espíritu combativo. En ese sentido eres un soplo de aire fresco. Incluso tu capitán Auber, aunque aparenta ser bastante más inteligente que la media, no puede evitar dejarse llevar por su naturaleza bélica. Una pena, la verdad es que no se parece en nada a su padre.

- ¿Conoció usted a Nap el Troll señor? - preguntó Umber, sorprendido por esa revelación. El padre de Auber era toda una leyenda entre los saiyans, si bien en el sentido negativo de la palabra, y muy pocos entre su raza reconocían abiertamente haber tenido alguna relación con él.

- En cierto modo si – confirmó -. Durante el desastre de Tardalia actué como asesor del ejército saiyan y pude entablar una, digamos, curiosa amistad con él. Lo recuerdo bien, un tipo enorme y ruidoso, de carcajada fácil y aspecto temible pero con un cierto halo de ternura que resulta bastante complejo encontrar en tu raza, al menos a primera vista. ¿Qué os cuentan de él a los saiyans?

- Nos cuentan que fue un traidor y un cobarde – resumió Umber rememorando lo que se decía en la academia -. Que abandonó a nuestra raza provocando el fracaso de la conquista de Tardalia. ¿Acaso no es cierto?

- Mmm, algo impreciso pero si – confirmó Jared -. Es cierto que fue un traidor a tu raza y que por su culpa fracasó la conquista a Tardalia. Sin embargo, para nada lo considero un cobarde.

- Si no era un cobarde, ¿por qué traicionó a su raz...

- Silencio – lo cortó Jared.

Estaban frente a la sala de mando y, en contra del protocolo de la nave, la puerta estaba abierta. El contrabandista sacó su blaster del cinturón y se acercó con cautela. Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Umber mientras barajaba las aterradoras posibilidades tras ese descuido.

Dragon Ball: una historia de los saiyansHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora